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La marcha de nunca acabar

¿Qué opciones de medalla maneja el atletismo español de cara a los Juegos de Pekín dentro del estadio? La nacionalizada velocista Josephine Onya y, como posibilidades más remotas, el discóbolo Mario Pestano y la saltadora Ruth Beitia. Por suerte, se cuenta con el vivero inagotable de la marcha.

el 15 sep 2009 / 07:30 h.

¿Qué opciones de medalla maneja el atletismo español de cara a los Juegos de Pekín dentro del estadio? La nacionalizada velocista Josephine Onya y, como posibilidades más remotas, el discóbolo Mario Pestano y la saltadora Ruth Beitia. Por suerte, se cuenta con el vivero inagotable de la marcha.

Si el accitano Paquillo Fernández tiene en la regularidad su punto fuerte y es un habitual en los podios de las grandes competiciones, la otra gran estrella de la marcha española es todo lo contrario: imprevisible, genialoide, impulsiva, rebelde, capaz de lo mejor y de lo peor. María Vasco (Barcelona, 26 de diciembre de 1975) es así. Y que nadie piense en cambiarla cuando, con casi 33 años, va camino de afrontar sus cuartos Juegos Olímpicos.

El palmarés de la marchadora catalana en grandes competiciones se reduce a dos medallas de bronce, pero ambas de gran peso a la hora de calibrar sus opciones en los veinte kilómetros: un bronce en Sidney 2000, la única presea en la historia del atletismo femenino español en unos Juegos Olímpicos; y otro bronce en el Mundial de Osaka 2007, la última gran confrontación entre las grandes de la marcha, celebrada además bajo unas condiciones de calor y humedad muy parecidas a las que habrá en la capital de China.

En los Juegos, María Vasco tendrá que luchar con las dos rusas que la superaron el pasado verano, Olga Kaniskina y Tatyana Shemyakina, que compondrán un terceto temible cualquiera que sea quien las acompañe, pues a las rusas pertenecen ocho de las nueve mejores marcas mundiales de este año.

Además, habrá que contar con las chinas, que han preparado sus Juegos a conciencia, y con la joven portuguesa Vera Santos, que respaldará a su compatriota Susana Feitor, la atleta que le sopló a María Vasco una medalla en el Mundial de 2005 en el último kilómetro. Más dudas existen sobre el estado de forma de la vigente campeona olímpica, la griega Athanasía Tsoumeléka, o la veterana noruega Kjersti Platzer.

Lo que es seguro es que ninguna de ellas querrá que María Vasco repita podio y emule (¿al mismo tiempo que Paquillo?) a Fermín Cacho, el único atleta español con más de una medalla olímpica. Pero el espíritu ganador de esta mujer, que en Osaka compitió pocos días después de enterrar a su padre, es un seguro frente a las adversidades.

la escuela de viladecans. María Vasco es una deportista que parecía predestinada para la marcha. No en vano, se inició en el atletismo a los diez años en el CA Viladecans, auténtico vivero de la tradición española en esta disciplina. Su primer entrenador fue el padre de Mari Cruz Díaz, la primera campeona de Europa del atletismo español, que además de la de su hija dirigía las carreras de otro campeón mundial y medallista olímpico, Valentín Massana, y de Reyes Sobrino. Con 19 años fue seleccionada para su primer Mundial y a los veinte, en 1996, ganó su primer Campeonato de España absoluto y debutó como olímpica en Atlanta.

La tradición de la marcha española es enorme desde que Jordi Llopart lograse su plata en Moscú. Dani Plaza, los mencionados Massana y Paquillo y María Vasco engrosan desde entonces el palmarés olímpico. En las grandes competiciones internacionales, la cosecha de la marcha es espectacular: trece medallas en once ediciones de los Mundiales acreditan a España como la primera potencia -junto a Rusia- del orbe. Nombres como José Marín, Jesús García Bragado o Encarna Granados han convertido a los andarines en la gran baza de nuestro atletismo.

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