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La marea verde invade Gdansk

El color rojo se deja ver por la ciudad pero compite con una marea verde de aficionados irlandeses.

el 14 jun 2012 / 18:17 h.

Segundo partido de España en Gdansk. El color rojo se deja ver por la ciudad portuaria polaca. Pero a diferencia del choque inaugural ante Italia, es absorbido por una marea verde de aficionados irlandeses que embriagan con sus cánticos la localidad donde se pegaron los primeros cañonazos de la Segunda Guerra Mundial.

Hace ya más de 70 años que las tropas alemanas invadieron Gdansk iniciándose uno de los peores conflicto que ha vivido la historia de la humanidad. Los tiempos han cambiado y en Polonia las invasiones son distintas. Son pacíficas y divertidas, sobre todo para los irlandeses, que se mezclaron con los españoles para dar una lección de civismo.

Veinticuatro horas antes del inicio del encuentro ya se podía ver a ambas aficiones unidas por las calles y los bares de Gdansk. Sobre todo en los bares, poblados de irlandeses, grandes bebedores de cerveza. Los que no estaban dentro de ellos, portaban inmensas latas en sus manos. Y también enormes sombreros, banderas, caras pintadas y cualquier símbolo con los colores de su país.

Enfrente, lo de siempre, los españoles, más ruidosos con sus típicos cánticos. No faltaron los disfraces flamencos, las pelucas estrafalarias y los símbolos del toro español, presente en todos los eventos deportivos de la selección española. Y que no falte Manolo Escobar. Eso nunca.

Entre todos, pero empujados por los aficionados del rival de España, crearon una tarde noche enmarcada en un cuadro muy simpático. Un buen ambiente refrendado por el intercambio de prendas entre componentes de ambas hinchadas, cánticos que se alternaban en uno y en otro lado y, por qué no, también algún que otro beso "robado" entre irlandeses y españoles. Que no falte amor.

Procedentes de diversos lugares como Jaén, Sevilla, Madrid, Barcelona, Dublín, Corck o Gallway, todos "arrasaron" la noche de Gdansk. Los irlandeses, más rockeros. Mucho pelo largo, patillas, pantalones de campana y un estilo parecido al guitarrista irlandés Rory Gallagher. Parecían recién salidos de un concierto de Led Zeppelin en los años 70. Todo ello aderezado con colores verdes. Y, por supuesto mezclado con el rojo de los españoles.

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