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La más vertiginosa explosión de color

el 09 dic 2010 / 12:24 h.

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Pocas veces un personaje tan longevo y con una trayectoria tan irregular ha conseguido volver a lo más alto con la asiduidad del erizo de Sega. Nacido en 1991 como respuesta a la enorme popularidad de Mario, el fontanero de Nintendo, Sonic ha tenido una carrera, nunca mejor dicho, desigual, pasando de títulos geniales a mediocres con una facilidad alarmante. Pero aparentemente, una vez más, las trepidantes aventuras del puntiagudo personaje van por el camino correcto tras su prometedor retorno en Sonic the Hedgehog 4.
Para lograr este interesante retorno, Sega parece haberse inspirado, al menos tangencialmente, en títulos recientes de la competencia (Super Mario Galaxy 2 o New Super Mario Bros) para adoptar mecánicas de juego similares en el universo de Sonic, de forma original y con un éxito destacable por lo dificultosa que se podría antojar la empresa.

En Colours, el gran enemigo del erizo azul, el Doctor Eggman, ha construido un espectacular parque de atracciones, entorno ideal para las conocidas habilidades de Sonic, en el que intenta cazar a unos curiosos y coloridos extraterrestres (Wisps) a los que el protagonista deberá socorrer para completar su misión. Una sencilla historia, perfecta para no perderse en tramas que no harían sino dificultar la acción pura.
Son estos Wisps los que, tras ayudarles, aportarán al erizo, y al juego, una de sus novedades en la forma de habilidades no vistas hasta la fecha en Sonic que recuerdan, desde cierto punto de vista, a las que Mario usaba en SMG 2 (en especial la de transformarse en taladro), además de contribuir a una mayor variedad.

El juego hace honor a su nombre con el llamativo aspecto visual, un torrente de tonos luminosos y vivos que reciben al jugador para sumergirlo en un mundo con la velocidad pura como reina absoluta; no en vano parece que Sonic hubiese ganado potencia en su legendario sprint con la edad, y esto se reflejase en unos movimientos suaves, rápidos y sin caídas de ritmo mientras se recorren los elaborados escenarios que nos encontramos a lo largo de los siete mundos que componen el mapeado de Colours.

Aunque las seis horas de duración que puede tener si se cumplen tan sólo las misiones principales se antojan cortas, no hay que caer en el error de pensar que tiene una vida demasiado escasa. Esto se debe a que se pueden completar misiones adicionales además de desbloquear algún escurridizo Wisp, con el consiguiente poder que concede a Sonic, lo que lleva a descubrir nuevos caminos en los mundos ya recorridos; esto eleva la longevidad de Colours hasta unas notables 20 horas de diversión. Su accesibilidad y contenida curva de aprendizaje le hacen atractivo a un público más amplio, además de contar con una atractiva opción multijugador, factores que le dotan de gran rejugabilidad. Sega logra con Sonic Colours devolver al veloz erizo a un puesto que tuvo que abandonar por títulos que no hacían justicia a un personaje de su calibre. Trepidante y genial entretenimiento.

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