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La medicina que nadie fabrica

Los hospitales sevillanos necesitan a diario 270 bolsas de sangre para poder operar en sus quirófanos, un reto que se logra gracias a los donantes a los que hoy les dedica un concierto homenaje la Orquesta Sinfónica de Sevilla en Fibes.

el 18 sep 2014 / 12:00 h.

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En el Centro de Transfusión Sanguínea se extraen unas 50 bolsas al día, el resto las recogen unidades móviles en pueblos, empresas o entidades. / Foto: Carlos Hernández En el Centro de Transfusión Sanguínea se extraen unas 50 bolsas al día, el resto las recogen unidades móviles en pueblos, empresas o entidades. / Foto: Carlos Hernández Para que cualquiera de los quirófanos de los hospitales sevillanos se abra y se puedan realizar cirugías, programadas o no, es necesario que el equipo médico tenga a mano una media de cuatro bolsas de sangre disponibles del grupo sanguíneo del paciente por si surge cualquier complicación. Eso implica que cada día solo en Sevilla son necesarias unas 270 bolsas de sangre, o lo que es lo mismo, que 270 sevillanos se acerquen a los puntos fijos de donación del Virgen del Rocío y el Macarena o a alguna de las unidades móviles de extracción que recorren pueblos, empresas, universidades e instituciones para donar «la única medicina que no se puede fabricar» y que cualquiera puede necesitar en un momento de su vida. Lo cierto es que este reto se supera con éxito prácticamente a diario gracias a los 75.304 donantes activos sevillanos (aquellos que han donado en los últimos tres años). En lo que va de año 44.180 personas se han ofrecido a donar de los que 4.414 se han acercado por primera vez. Y si algo tienen claro los habituales, colaboradores y profesionales del Centro de Transfusión Sanguínea de Sevilla es que, quien prueba una vez, repite. Lo hacen sin esperar nada a cambio pero hoy la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ofrece un concierto como homenaje para el que el centro ha repartido 3.200 invitaciones. 108 hematólogos, enfermeros, médicos y administrativos trabajan para el centro. 108 hematólogos, enfermeros, médicos y administrativos trabajan para el centro. Las estadísticas revelan que cada donante hace una media de 1,4 donaciones al año; que el 60 por ciento son hombres y el 40 por ciento mujeres (los hombres pueden donar cada tres meses y las mujeres cada cuatro); que los más jóvenes son especialmente solidarios (los donantes entre 18 y 30 años representan el 31 por ciento del total, sobre todo por las campañas en las universidades; y que la gran reserva de sangre de la provincia está en los pueblos (en la capital se recogen entre 50 y 60 bolsas al día, especialmente en la Sierra Sur (la UE recomienda una tasa de 40 donaciones al año por cada mil habitantes y Sevilla está en 30,5 pero pueblos como Lora de Estepa o Pedrera ostentan un auténtico récord con 133,3 y 104,55 donaciones por cada mil habitantes respectivamente). «Lo gordo viene de los pueblos, sobre todo los más retirados», relata Ana María Rodríguez, enfermera del centro. Su compañera Manoli Márquez destaca cómo se vuelca la gente ante llamamientos masivos por catástrofes como el accidente de tren de Santiago del año pasado. Pero detrás de las estadísticas hay personas como Eugenio Baisón, un histórico que ostenta el récord de donaciones con 160 ya que durante 40 años no faltó ni una vez a sus cuatro citas anuales «incluso en momentos muy difíciles, como cuando murió mi mujer un 20 de septiembre y el día 22 me tocaba y vine», recuerda. Donó por primera vez con 18 años –hoy tiene 71– cuando «al ir a hacer el reconocimiento médico para irme a trabajar a Alemania vi que pedían sangre y decidí que lo haría el resto de mi vida». Como a Eugenio, solo la edad –ni siquiera su diabetes ya que no se pincha insulina– ha impedido a Joaquín Lazo llegar a las 100 donaciones. Se ha quedado en 96 desde que hace más de 30 años acudió acompañando a unos compañeros de trabajo del muelle y superó su «pánico» a las agujas. Ambos son ahora colaboradores del centro en campañas y organización de donaciones. Están tranquilos porque hay relevo generacional ya que «los jóvenes dan una lección de generosidad cada día». Subrayan que donar sangre salva vidas ajenas y «engancha» por la «satisfacción» que provoca. Pero sobre todo tienen un mensaje para los indecisos: «Que se paren un momento a pensar y se imaginen qué sentirían después de las veces que han oído que se necesita sangre si un día un ser querido tiene que ir al hospital y no le pueden operar porque falta sangre. Si no lo hacen por los demás que lo hagan por egoísmo porque les puede pasar a ellos».

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