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La mejor cara llega en el mejor momento posible

Una exhibición de potencial ofensivo, con Kanouté en la grada, y de solvencia defensiva, con Squillaci en el banquillo, ha cambiado el rostro al Sevilla de un plumazo. Si en Mestalla sucumbía, ayer, ante el Zaragoza, el equipo de Manolo Jiménez ofreció su mejor cara y goleó a un rival inferior.

el 16 sep 2009 / 08:38 h.

Una exhibición de potencial ofensivo, con Kanouté en la grada, y de solvencia defensiva, con Squillaci en el banquillo, ha cambiado el rostro al Sevilla de un plumazo. Si en Mestalla sucumbía, ayer, ante el Zaragoza, el equipo de Manolo Jiménez ofreció su mejor cara y goleó a un rival inferior.

Que el histórico conjunto maño debe volver por sus fueros tras su paso por Segunda es algo que todo el mundo piensa. Sin embargo, hoy por hoy no está en condiciones de hacer sombra al Sevilla cuando éste, como es el caso, muestra su mejor versión; o, al menos, una de las mejores. No es fácil ganar por 4-1, y por eso cuando se da un resultado como éste la afición disfruta. Ayer, el equipo de Jiménez ganó y, además, hizo disfrutar a su parroquia, ávida de ver buen fútbol, especialmente tras el fiasco de Valencia. Si a nivel defensivo el Sevilla ofreció un rendimiento superior al de ese debut liguero, a nivel ofensivo la diferencia fue de años luz: cuatro goles en un alarde de pegada, con Luis Fabiano en figura, que incluso pudo dejar más tantos en la cuenta particular.

Y eso que Jiménez no sacó al teórico once de gala. El técnico situó a Fazio en el puesto de Squillaci -el argentino era central titular en Liga desde la temporada 2007/08- y al brasileño Adriano en el lateral zurdo. Renato ejerció de organizador junto a Zokora y, arriba, Negredo, en su primer partido como titular, formó pareja con un Luis Fabiano imparable mientras Kanouté, sancionado, lo veía desde la grada. Con este retoque en su esquema y otro espíritu, el espíritu que se le exige, el Sevilla, presionando y tocando la pelota siempre que pudo, se deshizo del Zaragoza a base de golpes certeros.

El primero llegó en uno de sus primeros acercamientos al área. Renato habilitó a Konko mientras Jesús Navas se quedaba quieto para no incurrir en fuera de juego y el francés batió por bajo a Carrizzo. Era su primer gol con el Sevilla, aunque más que destacar por eso Konko lo hizo ayer por la confirmación de estar decidido a ser ese futbolista por el que el club apostó tan fuerte.

Mientras, Zokora, omnipresente en tareas defensivas y eclipsando a veces sin necesidad a Renato en la gestión del balón, dejaba claro que piensa ser titular; Negredo corría sin descanso y se ganaba los aplausos; Fazio recuperaba las buenas sensaciones... Todo iba bien hasta que la precipitación comenzó a adueñarse del Sevilla. Y el Zaragoza utilizó su mejor arma para hacer daño: un cambio rápido de juego, des izquierda a derecha, permitió a Uche -se fue lesionado poco después- servir el balón a Gabi en el área y éste, listo, lo dejó pasar para que Arizmendi rematase con Fazio llegando tarde (32'),

DOS ACCIONES CLAVE. El empate creó cierta incertidumbre, aunque ésta duró poco. Luis Fabiano apareció y asustó al Zaragoza... antes de sentenciarle. Primero, con un sutil toque que terminó en el palo (35'); poco después, batiendo a Carrizzo en una jugada donde Palop pone el balón en largo, Negredo lo prolonga de espaldas y él se anticipa a todos para marcar el 2-1 antes del descanso. Tres toques, un gol.

El 2-1, justo cuando los jugadores se disponían a marcharse a vestuarios, fue un jarro de agua fría para el equipo de Marcelino. Obligado por la desventaja en el marcador a buscar la portería, no tardó en recibir otra estocada al poco de renaudarse el partido. En el minuto 56, González Vázquez le anuló un gol por fuera de juego -muy dudoso- de Arizmendi, quien parece arrancar en línea. Y el Sevilla no desaprovechó la ocasión: sólo un minuto más tarde, Perotti se sacó un zurdazo de la manga para poner el 3-1 en el marcador tras una arrancada y pase de Fazio.

Con una diferencia de dos tantos, el Sevilla se sitió definitivamente superior y comenzó a deleitar a su afición. El equipo de Jiménez se gustó y aprovechó su potencial físico y calidad para poner en jaque al Zaragoza una y otra vez. Luis Fabiano, que poco antes había vuelto a rozar el gol, hizo el definitivo 4-1 tras un saque de esquina en la que Lolo remata al poste y él está más listo que nadie. Fue la guinda a un partido en el que ver otro espíritu y otro fútbol, ése que puede hacer este Sevilla si se lo propone, dejó todos los debates posibles para mejor ocasión.

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