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La mejor etapa de la primera familia

el 18 mar 2011 / 11:36 h.

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Como se ha dicho desde entonces, fue el mejor cómic del mundo, otra vez. Aclamada como una segunda era dorada de Los cuatro fantásticos, los seis años que John Byrne estuvo al frente de la colección (1981-1987) siguen siendo considerados como el epítome de lo que hay que hacer en un cómic de superhéroes junto a los inicios de la colección en manos de Stan Lee y Jack Kirby.
Byrne, que había llegado a Marvel con tan sólo 25 años en 1975, ya había dejado claro que lo suyo no era estar en la sombra, formando parte del renacimiento de La patrulla-X en la que también sigue siendo su etapa más famosa (con la mítica saga de Fénix oscura como mejor prueba de ello) y dejando su impronta en Los vengadores y el Capitán América justo antes de desembarcar en las vidas de Reed, Susan, Johnny y Ben para cambiarlas de forma radical. Algo que sería posible dado que con su llegada a la serie, Byrne se iba a ocupar de forma completa de la misma, haciendo las veces de guionista y dibujante.
Con la libertad que ello suponía por aquel entonces (una libertad de la que Frank Miller había gozado en Daredevil, concretando la mejor etapa del superhéroe ciego), Byrne abordó Los cuatro fantásticos con una única idea en mente. En sus propias palabras, "retrasar el reloj... Volver y observar lo que hizo a la serie grande en el momento de su concepción y utilizarlo para devolverle su grandeza".Un objetivo poco menos que ambicioso que el artista canadiense conseguía sin problemas desde ese primer número en el que la Primera familia se enfrentaba a Diablo, el maestro de la alquimia (cabe destacar que, muchos años después, cuando Carlos Pacheco y Rafa Marín se hicieron cargo de la serie, la primera saga que concebieron, en claro homenaje a Byrne, tuvo como protagonista al mismo villano).
A partir de ese magnífico primer número (el 232 de la numeración original americana), Los cuatro fantásticos de Byrne fueron aumentando exponencialmente su calado mientras que el autor cambiaba a placer el statu quo de los personajes con decisiones como deshacerse de Ben en favor de Hulka, o transformar a Sue de La chica invisible en la mujer invisible, dándole muchísimo más protagonismo y peso en el curso de unos acontecimientos en los que tendríamos la oportunidad de asistir al nacimiento de un nuevo heraldo de Galactus, a cómo Reed perdonaba la vida al devorador de mundos y, quizás en los dos números más recordados de toda la serie, a cómo Mr. Fantástico se sometía a un juicio intergaláctico por las consecuencias que de dicha decisión se derivaban.
Ya lo hemos dicho, volvió a ser el mejor cómic del mundo. Y en nuestra memoria siempre lo será.
Edita Panini en un volumen cartoné de 208 páginas por 9,99 euros.
[A mi gran amigo José... él sabe por qué].

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