Cultura

La memoria viva de Miguel Pérez Aguilera

Las hijas del maestro recuerdan la obra y la figura del pintor a los seis años de su muerte en Sevilla.

el 11 dic 2009 / 19:54 h.

"Pintor antes que nada. Soy, ante todo, pintor". Así vivió hasta el último momento, encerrado en su estudio de Los Remedios, donde le sorprendió la muerte, Miguel Pérez Aguilera (Linares, 1915-Sevilla, 2004), don Miguel, como le llamaban todos, por su magisterio continuado en la Facultad de Bellas Artes y por su ejemplo rupturista y su inclinación a las vanguardias que marcaría a las generaciones posteriores de pintores en Sevilla.

Con motivo del sexto aniversario de su muerte, la galería Birimbao y su gestora, Mercedes Muro, con quien ya trabajó Aguilera en la desaparecida sala Ventana Abierta, recuerda la figura del artista con una exposición de sus pinturas que inauguraron ayer dos de las hijas del pintor. En ella puede verse una escogida selección de obras de diferentes etapas del autor, que abarca desde los años 60 hasta entrada la década de los noventa.

Pérez Aguilera es uno de los baluartes de la pintura sevillana del pasado siglo, su obra pictórica se apoya sobre unos sólidos cimientos, por una parte el dibujo que dominaba de manera extraordinaria, por otra su agudeza compositiva, la cual utilizaba para dotar a sus cuadros una estructura sólida y vigorosa, y por último, el color con el que jugaba sin límites como si de una bien pertrechada orquesta se tratara, creando armoniosas estructuras donde complicados contrapuntos, cadencias armoniosas, sonoras explosiones y delicadas melodías se conjugaban en maravillosos conciertos.

Su obra surge desde el silencio de su taller como un gran ejercicio de luz y ritmo, expandiendo su influencia mucho más allá de los márgenes del cuadro. Su obra se conforma compleja y bella hasta los límites de la perfección atrayendo hacia si la mirada del espectador atrapándolo en su delicado juego de sensaciones.

Miguel Pérez Aguilera pasó toda su madurez vital en Sevilla, adonde llegó su pintura colorista en unos años especialmente oscuros. Aquí ejerció como artista y como forjador de artistas tuvo el reconocimiento de los que lo conocieron bien, dejó a las nuevas generaciones su generosidad en forma de enseñanza y sobre todo dejó un espléndido legado artístico, parte del cual puede verse y disfrutarse en ésta exposición.

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