Economía

La moda flamenca de alta costura se resiente y toca repetir traje esta Feria

Este año la Feria de Abril parece que se va a resentir con la crisis financiera que poco a poco va acechando a todos los sectores industriales y que ahora llega también a los trajes de flamenca. Los trajes de otras temporadas y los arreglos han ganado terreno.

el 16 sep 2009 / 01:29 h.

Bianca Lionte/Charo Morales/Isabel Campanario

Este año la Feria de Abril parece que se va a resentir con la crisis financiera que poco a poco va acechando a todos los sectores industriales y que ahora llega también a los trajes de flamenca.

Una pequeña encuesta nos permite comprobar que la mayoría de las sevillanas apuestan por mantener el mismo traje del año pasado como medida de ahorro, siendo los accesorios los artículos preferidos para cambiar.

En algunas tiendas céntricas de la ciudad, los vendedores han confesado que venden menos trajes de flamenca que en años anteriores y que por la crisis han tenido que rebajar los precios ya que la gente se muestra propensa a repetir vestido.

Hay también quienes, en vez de comprarse un traje nuevo, optan por fabricárselo y sólo algunas de las feriantes afirman no sentirse afectadas por la situación económica.

La moda flamenca se resiente porque los bolsillos no están para muchas filigranas. Los trajes de otras temporadas y los arreglos han ganado terreno.

Quienes más lo están notando, los diseñadores de prestigio, que están viendo este año cómo la campaña fuerte de la temporada, la Feria de Abril de Sevilla, no termina de cuajar. Hay miedo a gastar, han llegado los problemas económicos a muchas familias y el traje de flamenca se considera un bien de lujo del que, al menos este año, se puede prescindir. El que viene, ya se verá.

La diseñadora sevillana Pilar Vera es, además, presidenta de la Asociación de Moda Flamenca Mof&Art, que agrupa a una veintena de firmas, y así lo constata. No en vano, precisa que las ventas hasta la fecha apenas alcanzan el 40% de las que se registraron el año pasado.

¿Y qué hacer contra ello? ¿Cómo sobrevivir a la crisis? La primera medida tiene que ir directamente dirigida al bolsillo. No queda otra. Por ello, muchos de los diseñadores han optado por mantener los precios del ejercicio pasado y asumir como se pueda las inversiones que han tenido que desembolsar para lanzar las nuevas colecciones.

En estas semanas se ha repetido con más frecuencia de la deseable la siguiente escena, la señora que este año dice que no se va a hacer el traje porque su marido, que se dedica a la construcción o a otros sectores en apuros, está teniendo problemas.

Conclusión. "Son más las clientas que vienen a transformar su traje del año pasado, las que se hacían dos pues deciden hacerse sólo uno, o directamente las que asumen que este año, por temor a cómo están las cosas, deciden pasar sin un estreno". Pero también quien antes no miraba el precio y ahora lo pregunta y las que no les importa comprarse un traje de volantes de temporadas pasadas. "Este año los descuentos de colecciones anteriores, que teníamos entre un 20% y un 30%, los hemos aumentado hasta el 50%", indica.

Pero no sólo la crisis hace aflorar las rebajas de precios, también despierta la picaresca. Pilar Vera ha tenido que colocar este año un cartel en el interior de su establecimiento ante la avalancha de clientas que, en lugar de comprar, iban buscando copiar el modelo deseado. No es que se trate de una práctica nueva, pero sí lo es la avalancha de supuestas clientas que lo que iban buscando era probarse el diseño para retratarlo. "Luego buscan una tela que se le parezca, porque trabajamos con tejidos exclusivos, y acuden a una modista" para que les salga más barato, relata.

Toca echar mano de la imaginación y de iniciativas creativas para atraer el interés del consumidor. Es el caso de la firma sevillana Puroazahar, que este año ha decidido destinar el dinero previsto para promocionar su colección a regalar uno de sus vestidos entre todas sus clientas. De este modo, realizará un sorteo entre ellas y la afortunada tendrá dos opciones: o bien la devolución del importe íntegro de su compra o la elección de un segundo traje de flamenca de la exposición, una medida adoptada "conscientes de la situación económica que vivimos actualmente".

Como detalle, además, regala el complemento de la flor al comprar alguno de sus trajes.

El precio, no obstante, sigue siendo el mejor de los reclamos. Por esa razón, la firma de trajes de flamenca Roney ha decidido afrontar la coyuntura creando "líneas para todos los segmentos, desde los más recargados hasta los más sencillos, a todos los niveles de precios", explica Manuel Cabrera.

La compañía asegura que está alcanzando un volumen de ventas "bastante bueno pese a las expectativas negativas que había para este año". A ello también ha ayudado el hecho de que este año han prolongado el periodo de rebajas en los trajes de temporadas pasadas. "Hemos tenido descuentos desde finales del año pasado, a partir de octubre-noviembre hasta enero", señala, aunque ya no se podía extender más en el tiempo porque si no es contraproducente "y no vendes los de esta temporada".

José Antonio Molina, gerente de Trajes Molina, es optimista. "Aún faltan días cruciales en ventas, pero la extrapolación de los datos hasta el momento nos hace estimar un incremento moderado respecto a la campaña pasada".

En sus tiendas, constata un crecimiento de los modelos de gama baja, "porque buena parte del público ha reducido su presupuesto", mientras que hay "un fuerte aumento" en los de gama alta. Ríete de la crisis, su lema publicitario

La "excusa" más utilizada para no renovar vestuario está siendo este año la lluvia. Los pocos días buenos que hicieron en la semana de Feria del año pasado son uno de los argumentos que, según explica la diseñadora Luchi Cabrera, más se emplean para justificar que no pudieron lucir el traje nuevo de la pasada edición.

"La crisis se nota -precisa- en que quien antes se hacía dos trajes, uno para la Feria y otro para el Rocío, se queda con uno, y también en que se recorta el presupuesto".

Pero donde se nota más el bajón es en los complementos. Luchi Cabrera así lo percibe en el establecimiento que posee especializado en estos detalles. A la crisis se une "la fuerte competencia que tenemos con la invasión de materiales muy baratos". Se refiere a los productos asiáticos, contra cuyos precios apenas queda margen de actuación. "Nosotros no podemos bajar los complementos con lo que cuesta la mano de obra para engarzar un pendiente", precisa.

Pilar Vera lo ratifica. "Se opta por reutilizar los complementos de hace varios años si el color va con el traje". Se cuida al máximo gastar lo justo.

Entre muchos diseñadores cunde el desánimo. Están comenzando a llegar las letras de los préstamos que se pidieron en su día para sacar las colecciones, que requirieron de cuantiosas inversiones. Éste es un negocio -ahonda Vera- "temporal" porque "trabajamos a tope en las tiendas durante tres o cuatro meses y subsistimos con esas ventas el resto del año". Cierto es que tienen como agarraderas otras romerías y ferias de pueblos, aunque el plato fuerte es el de abril.

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