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La Moneta y su jondura

el 09 oct 2010 / 07:59 h.

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La Bienal está sirviendo para dar oportunidades a nuevas figuras del baile flamenco, como Fuensanta La Moneta, una granadina de gran personalidad que anoche tuvo una de esas oportunidades que hay que saber aprovechar y ella puso toda la carne en el asador con un espectáculo largo y de una intensidad flamenca increíble.

Los que querían flamenco auténtico, que en esta Bienal se ha vendido un poco caro, lo tuvieron y no sólo con el baile racial y canastero de Fuensanta, sino con el cante enjundioso de un jerezano al que habría que darle más oportunidades al margen de las que tiene ya como cantaor de cuadro. Me refiero a Miguel Lavi, que es flamenco hasta sin cantar. Pero cuando canta, se sale. El espectáculo que planteó La Moneta, Bailar, vivir, consistía en una suite flamenca basada en palos muy concretos, salvo la primera pieza, Duda, como preámbulo de lo que vendría después.

Y lo que vino luego podemos definirlo como una sucesión de piezas de raíces jondas en las que la bailaora echó toda su casta en el escenario, con esa manera tan suya de fabricar mil poses por minuto, poniéndole a cada una cara distinta, que es la manera que tiene la de Granada de vender su arte. Tiene un baile muy gitano, que mostró en toda su plenitud en algunos estilos, como, por ejemplo, en el taranto, con un desarrollo completo del baile y una flamenquería extraordinaria.

Antes había hecho la petenera ayudada por los bailaores del cuadro, que fueron David Córdoba, José Galán y Raimundo Benítez, donde no hubo profundidad y la coreografía era un tanto efectista, como para guiris. Se paseó por el escenario con cierto garbo, pero está claro que la bailaora luce más en los estilos de más peso, que vendrían luego.
Contó con el pianista sevillano Diego Amador para apuntar unos tientos y caracolear con una zambra en la que buscó la estampa de Lola Flores y el aire de las viejas bailaoras granadinas.

Pero donde La Moneta se sintió más bailaora fue en la soleá, Alma mía, con un preámbulo de tercios cantados demasiado largo, pero de indudable jondura por parte de Lavi y el moronero David Sánchez El Galli. El teatro comenzó a oler a pan recién salido del horno y La Moneta desarrolló un ejercicio completo, con cortes de gran regusto y un movimiento de manos hacía dentro que nos cautivó. Alargó demasiado el baile y eso deslució quizás la pieza. No entendimos tanta bulería de remate si había programada una fiesta para el final. Pero fue precisamente en la bulería donde la artista arrancó aplausos y unos olés de los que apenas se escuchan en la Bienal.

El espectáculo tuvo algunos fallos garrafales, como, por ejemplo, esa manía que tienen las bailaoras y los bailaores de escaparse del escenario, en ocasiones durante muchos minutos, lo que enfría bastante al público. La Moneta lo hizo en exceso, pero cuando estuvo dejó buena muestra de su calidad y, sobre todo, de su singular estilo gitano.La de Granada nos dará grandes noches de arte.

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