Economía

La mujer mira con otros ojos

Cuatro ugetistas analizan el momento actual y la situación a la que se enfrenta el colectivo femenino, con el que la crisis se está cebando especialmente.

el 05 mar 2010 / 23:17 h.

Piedad, Manuela, Ana y Lola, ayer en la sede de UGT Andalucía.

Ubíquense. Siete hombres y siete mujeres. Son los que conforman la Comisión Ejecutiva de UGT-A. Mientras los primeros suman 17 hijos, las segundas se quedan en cuatro. Esta radiografía ejemplifica, de forma muy gráfica, el esfuerzo añadido que le supone a una mujer -pero ya en cualquier ámbito profesional u organizativo- conciliar la vida familiar con la laboral.

Éste es sólo uno de los flancos abiertos a los que se enfrenta día a día el colectivo femenino y al que se le suman otros cuantos. Desde la discriminación -de esto saben mucho en el sindicato de tantos casos que le llegan- hasta la crisis, que se está cebando con las mujeres, que ya arrastraban desigualdad de condiciones frente al hombre: salarios, miedo a la maternidad por si me echan, acoso... Situaciones que la coyuntura negativa no ha hecho sino acentuar.

Cuatro mujeres sindicalistas hacen un repaso por éste y otros temas. Y aunque se avanza, queda mucho por hacer.

De estas cuatro mujeres, dos dejan tras de sí un divorcio, otra está soltera y la última está casada y con familia.

Es el caso de Manuela Martínez, actual secretaria general de UGT Granada y la primera mujer en ocupar ese puesto en la comunidad. Con su llegada -señala- está intentando cambiar las cosas, pues en el sindicato, como en cualquier otra organización gestionada mayoritariamente por hombres, no se le daba importancia a cuándo convocar una reunión o fijar la agenda de trabajo por la tarde o en fin de semana. Su objetivo es "ajustar la actividad sindical en la medida de lo posible para no molestar a la vida privada". Son detalles que hacen ver que detrás están las manos de una mujer.

Y es que aquí está una de las claves del cambio hacia la igualdad. Romper con el hábito por el que la mujer asume el rol del hombre y dejar que sea ella, desde su propia condición, la que resuelva las cosas de una manera diferente. Porque es ahí donde está su mejor aportación y su valor añadido.

Manuela se muestra convencida de que la organización sindical ha avanzado mucho, sobre todo en abrir paso al segmento femenino. Hoy son en torno a 80.000 las afiliadas, con un peso de alrededor del 35% en Andalucía, precisa Lola Gavilán, vicesecretaria general de Relaciones Sociolaborales de UGT-A. Pero no siempre fue así, recuerda, pues hasta el cuarto congreso del sindicato, celebrado en 1990, no llegó la representación de este colectivo a la Comisión Ejecutiva, aunque testimonial: una mujer. El noveno congreso se cerró con un reparto paritario de los cargos.

CRISTALES ROTOS. No discriminación, pero sí tal vez un sentimiento de paternalismo o condescendencia o una presión añadida. Es lo que reconocen haber sentido en alguna ocasión Piedad Pérez, portavoz del sindicato, y Ana Pérez, secretaria de la Mujer."Yo he ido a hacer acción sindical a una obra -cuando estaba en la Federación de Metal, Construcción y Afines- y se armaba la revolución, pero no por los albañiles, sino en la mesa de negociación de un convenio colectivo".

Es en esos momentos cuando "te tienes que hacer valer como persona y como representación de unas siglas. Alguna vez me han tachado de seria o seca por no reír las gracias de un chiste machista", relata.

Ana, por su parte, sí que ha percibido el techo de cristal, algunas veces por la propia inercia de la sociedad, que provoca "que a una mujer le dé vergüenza plantear cuestiones" en un órgano de decisión.

Y en eso influye, a juicio de Lola, el hecho de que las mujeres "somos mucho más modestas" -y autoexigentes, apostilla Piedad-, pues "hay muchas que están preparadas al 100%, que trabajan muchísimo y que son muy valiosas y les dices por qué no te presentas a tal candidatura y te responden que ellas no valen...". Y, por contra, "los hombres no se cuestionan nunca si valen o no".

Para Piedad tiene mucho que ver en esa visión "el pudor de no querer fallar a la gente, el exceso de responsabilidad, la educación, la cultura... muchas cosas". La discriminación está normalizada en la sociedad, considera Lola, y ante eso hay que demostrar "tolerancia cero".

Sin embargo, Manuela asegura en su caso que nunca ha dado opción a un hombre de decirle qué no puede hacer, aunque sí ha tenido enfrente a interlocutores externos a la organización que "no te toman en serio al principio" pero dentro, nada de nada. Una de las cosas que más le ha sorprendido tras su reciente nombramiento al frente de UGT Granada es la polvareda que levantó que fuese mujer, pero ahora es consciente de que puede servir de ejemplo.

"Mujeres de otras organizaciones me han dado la enhorabuena porque dicen que servimos de ejemplo" y eso es una buena muestra de que "el techo de cristal se puede romper y demostramos que no es difícil y que se puede hacer".

Claro que con los tiempos que corren el camino no resulta fácil para muchas. La crisis no ha hecho sino proliferar situaciones de discriminación contra el colectivo femenino, de los más castigados, junto a la gente joven, por el mercado laboral. Además de ahondar en las diferencias salariales, que venían de atrás.

Y he aquí que afloran Expedientes de Regulación de Empleo (ERE), precisa Lola, que se ceban con mujeres e inmigrantes. "Con aquéllas que han pedido reducción de jornada, las que tienen más antigüedad, las que más reivindican..."Y aparece una espiral que desemboca en que, a contratos más precarios, menos opciones de poder vincularse a sindicatos, a participar del proceso de elecciones sindicales y a defender sus propios derechos.

De hecho, es el miedo a perder el puesto de trabajo la razón por la que muchas mujeres no se atreven a denunciar una situación de discriminación, asevera Ana, que admite que, como mucho, llegan a los servicios jurídicos y se informan, pero poco más.

SAVIA NUEVA. En los últimos años se han ido incorporando cada vez más jóvenes al sindicato y ya se contabilizan 58.000 menores de 35 años, según sus datos. Y en ello, a juicio de Ana, ha influido precisamente "ver que estamos ocupando puestos de responsabilidad" cada vez más visibles.

Cuando se les pregunta por el sentimiento que se respira en la calle y que critica a las centrales sindicales por inmovilismo ante la crisis, el tono se endurece. "En este país tenemos mucha facilidad para olvidarnos de todo -apostilla Lola-. La crisis no la hemos provocado ni los trabajadores ni los sindicatos, sino los empresarios y la banca. Y se pide una huelga cuando no se han recortado derechos laborales".

Manuela cree que esa opinión procede de la influencia mediática, y apunta que lo que interesa a la "derecha económica" es "tener sindicatos débiles para manejarlos" porque en el fondo, reflexiona, lo que subyace es el interés por "utilizarnos para echar al Gobierno".

Piedad apostilla: "No ha habido un solo conflicto laboral en Andalucía en el que el sindicato no haya estado presente. No ha dejado de movilizarse durante dos años aunque haya quien no lo quiera ver".

Y para despejar cualquier duda acerca de la motivación que les mueve, añaden: "No vivimos de las subvenciones; el 90% procede de las cuotas y el 10% restante se emplea en servicios a afiliados y para los que no lo son".

UGT-A es la única con un área para la Mujer

Parece casi imposible, pero lo cierto es que de todas las organizaciones regionales de UGT la de Andalucía es la única que cuenta con una Secretaría específica de la Mujer "con nombre propio", pues en el resto de casos se enmarca bajo el epígrafe de Igualdad, en los que existe un departamento que cuenta con voz pero no con voto.

Y si en algo coinciden Piedad, Manuela, Lola y Ana es que el artífice y el impulsor de esa apuesta real ha sido su actual secretario general, Manuel Pastrana. La mejor aportación que hacen las mujeres, aseveran, es su mirada diferente, que es complementaria con la masculina, no excluyente, agregan.

El principal caballo de batalla, resumen, es la educación como pilar básico para transmitir valores como la igualdad, más mujeres en las mesas de negociación para erradicar la discriminación -y por tanto, en las elecciones sindicales- y un papel más activo en la sociedad, lejos de la apatía.

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