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La mujer rural se abre paso en las redes

Un estudio revela que el 70% de este colectivo usa con asiduidad las redes sociales, aunque todavía está lejos para exprimir todas sus posibilidades. Los autores afirman que Sevilla «rompe los estereotipos».

el 27 oct 2014 / 22:45 h.

Una mujer con un ordenador. / EFE Una mujer con un ordenador. / EFE Carpetazo al debate de que la mujer rural vive aislada de las nuevas tecnologías. No es así. Se nutre de los servicios como Guadalinfo o los Puntos de Igualdad Municipal (PIM) y, sobre todo, sigue las instrucciones de su círculo de confianza –como hijas, sobrinas o nietas, que pertenecen a la generación digital– para abrirse paso en las redes sociales. Su entrada principal a internet es a través del portátil –los móviles siguen siendo un déficit en estos entornos– y se sienten más relajadas en Facebook, donde desarrollan su crecimiento personal y comparten inquietudes en comunidad. Son algunos de los flashes aportados por el informe La inclusión digital de las mujeres en las redes sociales on line: un estudio en mujeres de zonas rurales de Sevilla, realizado por la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla con la colaboración de la Diputación hispalense. El estudio esboza como conclusión principal que la brecha digital de la que han sido víctimas históricamente las zonas rurales se ha difuminado y, en el caso de la mujer, se demuestra su carácter proactivo hacia las nuevas tecnologías. No en vano, un 70 por ciento de las 478 encuestadas usan las redes sociales, «un porcentaje elevado que rompe con el estereotipo», según explicó una de las autoras del estudio, Mari Ángeles Rebollo, que incidió en que es llamativa esta asimilación de los hábitos tecnológicos en comparación con otros territorios. De hecho, resaltó que esos guarismos se han desarrollado en el último año. Mari Ángeles Rebollo, Fernando Rodríguez Villalobos, Lidia Ferrera y Rafael García, durante la presentación del estudio. / El Correo Mari Ángeles Rebollo, Fernando Rodríguez Villalobos, Lidia Ferrera y Rafael García, durante la presentación del estudio. / El Correo La mujer rural se abre paso en las redes sociales, pero aún está gateando en un universo con muchas posibilidades. Es la transición en la que se ven inmersas las definidas como «inmigrantes digitales» o, dicho de otra forma, personas que no vinieron al mundo con una cuenta de Twitter o Facebook bajo el brazo. Quizás por ello su inmersión en el mundo digital, según concreta otro de los autores del estudio, el profesor Rafael García Pérez, se haga con pies de plomo. «Tienen claro quiénes son y lo que quieren y se vuelven más cautas en el manejo de las redes sociales». De momento, el estudio plasma que, pese al sorprendente índice de uso de estas tecnologías, no se les exprime lo suficiente para uno de los cometidos para los que fueron diseñados: como herramienta profesional. La horquilla de este, de momento, selecto club, es del 5 al 8 por ciento. Esa es la principal demanda que hacen los investigadores: incidir en las vías de intervención para mejorar el grado de inclusión y presencia social de este colectivo en la web. Al hilo de ello, el presidente de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos, se sintió agradecido porque este estudio haya permitido no sólo conocer el uso de las tecnologías, sino difundir los beneficios que aportan. ¿Y qué uso le dan a las redes sociales? Como la vida misma, va por barrios y, por ende, por edades. Las mayores de 55 años –que representan un 10,8 por ciento de las mujeres rurales que usan redes sociales– se adentran por reducir su sentimiento de soledad e inclusión social. Las redes sociales sirven, sobre todo en estos casos, para mantener el lazo con familiares que se encuentran lejos y que, sin internet, sería más difícil ponerse en contacto con ellos. Por su parte, las personas con edad activa sí la usan para su desarrollo profesional, aunque sin aprovechar todo su potencial. Y un dato curioso, que resaltó Rebollo: la mujer rural en edad de crianza se alista a Facebook, Tuenti o Twitter para ejercer «un control parental» y, ya de paso, saber cómo poder educar a sus hijos. La hora que escogen las mujeres rurales para adentrarse en el mundo de internet es la tarde-noche, cuando han finalizado sus tareas diarias y pueden constituir «su espacio privado en la red» para, entre otras preferencias, hacer amigos e interactuar con otras comunidades que tienen intereses comunes.

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