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Cultura

La mujer y su papel en la creación del arte flamenco

Existe la creencia de que la mujer ha estado discriminada en el mundo del flamenco, sobre todo en el siglo XIX. Sólo hay que investigar un poco para comprobar que no fue así.

el 15 sep 2009 / 21:53 h.

Existe la creencia de que la mujer ha estado discriminada en el mundo del flamenco, sobre todo en el siglo XIX. Sólo hay que investigar un poco para comprobar que no fue así.

Los flamencólogos, críticos y analistas en general de la historia del flamenco vamos a tener que ir pensando en cambiar el discurso sobre la discriminación de la mujer en el género, porque nunca la ha habido. No en la medida que se dice con tanta insistencia, a pesar del machismo de los gitanos y los flamencos en general.

Desde las primeras noticias del flamenco en libros y periódicos, la mujer estaba ya presente en los escenarios de los cafés cantantes y teatros. Incluso en los relatos de fiestas privadas. Es verdad que sectores retrógrados no aprobaban que una mujer decente cantara en un café, de ahí que a La Peñaranda le sacaran esta copla: Concha la Peñaranda/ la que canta en el café/ ha perdío la vergüenza/ siendo tan mujer de bien. Seguramente, esta letra se la sacaron cuando en 1885 cantaba en el Café del Burrero de Sevilla, con sólo 21 años. Sin embargo, en el cartel de este establecimiento aparecía su nombre con letras grandes y en negrita, destacándola de cantaores tan importantes como El Canario y Carito de Jerez. ¿Dónde estaba la discriminación?

Desde luego no en los flamencos, artistas y aficionados. Chacón estuvo encantado de cantar con la Niña de los Peines en los teatros de Sevilla en la primera década del pasado siglo. Y Monserrat y Vedrines, los agentes artísticos más importantes de la historia del flamenco, les pagaban a Pastora Pavón mucho más que a muchos cantaores de fama. La cantaora sufrió el machismo de la época, sin duda, como las demás artistas, pero no por parte de los flamencos, aunque a Juan Talega no le gustara que la mujer cantara por seguiriyas, seguramente porque el cante gitano era para el viejo calé de Dos Hermanas una cuestión de testosterona morena. Sin embargo, se contradecía cuando él mismo cantaba los cantes de La Gómez, La Cuénde y La Andonda. Los cantaores nunca han tenido inconveniente en cantar los estilos creados por las mujeres. Ni gitanos ni no gitanos. María Borrico, la Trini de Málaga, la Sarneta o la Peñaranda son interpretadas por los cantaores sin ningún problema. Si hubo machismo flamenco y discriminación hacia la mujer en alguna época del género, es historia. En la actualidad no sólo no la hay, sino que el flamenco lo dirigen las mujeres. Hasta hace poco, la directora de la Agencia del Flamenco era una mujer; el Centro Andaluz de Flamenco, de Jerez, lo dirige también una mujer; la revista Alboreá, que edita la Junta de Andalucía, es capitaneada por una mujer; en Sevilla tenemos a una catedrática de Flamenco; y hay mujeres dirigiendo peñas, colecciones editoriales de flamenco y dando clases de cante a los hombres en conservatorios y escuelas. Es necesario cambiar el discurso, compañeros y compañeras. En el flamenco han convivido en perfecta armonía hombres y mujeres, gitanos y payos y, en la actualidad, personas de todas las razas y nacionalidades. Todo un ejemplo para el resto del mundo.

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