Cultura

La música de Alberto Iglesias, único premio europeo para 'Los abrazos rotos'

el 12 dic 2009 / 22:09 h.

La música compuesta por Alberto Iglesias ha conseguido el único premio del cine europeo para la película española Los abrazos rotos, en una edición en la que la impactante La cinta blanca, del alemán Michael Haneke, arrasó, con los galardones de mejor filme, director y guión.

Los premios se entregaron en una ceremonia sobria, marcada por la ausencia de bastantes de los nominados -entre otras, las de Penélope Cruz y Pedro Almodóvar, aspirantes a los premios a la mejor actriz y el mejor director, por Los abrazos rotos-.

Un filme que partía con tres candidaturas y que finalmente sólo consiguió la de la música de Iglesias, que se llevó su segundo premio europeo tras el de Volver, en 2006, y en la que ha sido su tercera candidatura, ya que consiguió la primera en 2004 por La mala educación y Te doy mis ojos.

Pero fue la historia del grupo de niños condenados a crecer en el dogmatismo religioso, en una Europa donde se cuece el estallido de la Primera Guerra Mundial y en una Alemania que, unas décadas después, con ellos, verá crecer también el nazismo, cautivó a la Academia del Cine Europeo.

Haneke, nacido en Múnich y crecido, como director, en Austria, redondeó así su triunfo de 2005, en que se llevó ya el premio al mejor filme europeo y el de mejor realizador con Caché. Su cinta blanca, la que arrastran esos niños como un castigo y que se convertirá asimismo en castigo a los demás, había sido asimismo coronada con la Palma de Oro en el último Festival de Cannes.

Desbancó así a la gran favorita -seis nominaciones-, la francesa Un prophète, de Jacques Audiard, filme recompensado merecidamente con el premio a la interpretación masculina para Tahar Rahim.

El correspondiente a la mejor actriz fue para la británica Kate Winslet, por The Reader, mientras que la segunda en cuanto a nominaciones -"Slumdog Millionaire", con cinco- se llevó el premio al mejor film por votación popular.

La gala europea se celebró en Bochum, ciudad de provincias de la Cuenca del Ruhr y en las antípodas de las metrópolis por las que hasta ahora había pasado la ceremonia -de Berlín, sede de la Academia, a Barcelona, Roma, París, Londres, Varsovia y Copenhague-.

La francesa Isabelle Hupert, quien ganó un premio de honor al conjunto de su carrera, como el director británico Ken Loach, trató de compensar con su asistencia la falta de algunos nominados, ganadores -como Kate Winslet- y otros colegas, y dio el punto de elegancia, enfundada en un sencillo vestido negro.

Las españolas Victoria Abril, de rojo absoluto, y María Valverde, en tono malva, aportaron asimismo brillantez a la fiesta, en ambos casos como oficiantes en el reparto de galardones.

La presencia más refrescante no procedió del cine, sino del fútbol, y fue la de Eric Cantona, actor accidental en Buscando a Eric y encargado de entregar el premio de honor a Loach, el comprometido director que se atrevió a meter en la disciplina de la pantalla al ex astro futbolístico.

Loach le agradeció el arrojo mostrado al aceptar el desafío de participar en su filme y, de acuerdo a su costumbre, lanzó un mensaje solidario a aquellos cineastas que no pueden hacer las películas que desean en sus países, concretamente en Palestina.

La Cuenca del Ruhr, conglomerado de 50 núcleos urbanos con un total de más de cinco millones de habitantes, será el próximo año la capital cultural europea, por lo que la fiesta tenía algo de antesala o plataforma internacional para esa cita.

"No sé por qué les extraña tanto que celebremos la fiesta aquí", comentó a EFE, en un aparte de las celebraciones, Wim Wenders, presidente fundacional de la Academia del Cine Europeo, respecto a la extrañeza de algunos por la elección de la sede de este año.

"De aquí, como del resto de Renania, han surgido muchos talentos, la minería encierra mucha creatividad", bromeaba el director, nacido en Düsseldorf y crecido en Oberhausen, en el corazón de la Cuenca.

Wenders se llevó así para casa, con la excusa de la capitalidad, la fiesta de la Academia, creada en 1989 por él y una cuarentena de otros abanderados del cine europeo como alternativa a Hollywood.

La fiesta tuvo un aire reivindicativo, de catapulta a una región donde asomó la recesión y el desmantelamiento industrial.

Bochum vivió algo ajena a la gala de la Jahrhunderthalle -Pabellón del Siglo-, volcada como estaba en otro acontecimiento: el partido de la Bundesliga, con el Bayern de Múnich como visitante, que acabó en desoladora derrota 5-1 para los locales.

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