Cofradías

La música fue de los vencejos

el 01 abr 2010 / 22:09 h.

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Una hora antes de que la última del Jueves Santo pisase la calle, el gentío delineaba ya la ruta que tomaría la cofradía. Con bullicio, pero también con orden, quienes optaron por la plaza del Salvador vieron abrirse las puertas del templo exactamente a la hora fijada. El sol sólo lamía ya la parte alta de la fachada y los cirios rojos anunciaban la sangre que derramaría el Señor de Pasión.

Siete monaguillos precedían el misterio de plata. Silencio absoluto en la plaza. El Cristo desciende la rampa. Lento, mostrando que la cruz no es liviana pero sin que en su rostro asome dolor ninguno. Un mar de zapatillas negras mece su túnica morada y tantea el último escalón antes de avanzar con rapidez hacia la entrada de la calle Cuna. Le siguen velozmente los penitentes en filas de tres y se llevan con ellos el silencio que reinaba en la plaza.

Del templo sale el murmullo de órgano que acompaña, hasta que salga, a la Virgen de la Merced, quien tendrá que esperar al año que viene para recorrer Sevilla con música fúnebre. Alguien entre la gente comenta que la banda de la Oliva de Salteras se ha ido a tocar a Sanlúcar. Fuera esperan los vencejos, que parecen querer dar su do de pecho en una de las salidas más solemnes de la Semana Santa.

Tras una larguísima fila de nazarenos los cirios iluminan el incienso que precede al palio. Un grupo de gente que espera en las primeras filas chilla alarmado a un nazareno que en su seriedad a punto está de prender con fuego uno de los estandartes. El sol casi se ha ido cuando se encienden las farolas de la plaza y casi al mismo tiempo se recorta entre el humo la imagen de la Virgen con San Juan Bautista.Antonio Laguillo dirige sus pasos lentamente y se oyen decenas de flashes, los gritos de los vencejos y una saeta.De nuevo se hace el silencio, que se convierte en ruido antes de que la Virgen alcance la calle Cuna. Los últimos penitentes son quienes tienen que cargar con una doble cruz:la de su madero y la de quienes impacientes cruzan frente a su antifaz para ir en busca de la Madrugá.

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