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La Navidad también es triste

Vincular la alegría a la Navidad resulta un tándem muy peligroso. Tanto, que el regocijo de muchos suele convertirse en la tristeza de otros. Eso sí, quienes se sienten desanimados pueden respirar tranquilos.

el 14 sep 2009 / 21:21 h.

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Vincular la alegría a la Navidad resulta un tándem muy peligroso. Tanto, que el regocijo de muchos suele convertirse en la tristeza de otros. Eso sí, quienes se sienten desanimados pueden respirar tranquilos. Los sentimientos negativos tienen los días contados: la depresión navideña es un cuento más de estas fechas.

Y muy popular, a juzgar por los comentarios que ya se empiezan a escuchar por la calle. "El concepto de depresión se ha trivializado hasta el punto que la gente lo utiliza para referirse a la tristeza o la melancolía", apostilla Juan Sergio Fernández, médico de familia del centro de salud de Armilla (Granada). Buen ejemplo de ello es la depre navideña, un término incorrecto según reflexiona ahora Joaquín Carlos Martín, psiquiatra del hospital sevillano del Tomillar. "Es cierto que son fechas muy familiares, de reunión, en las que si recientemente ha desaparecido alguien por ley de vida o por accidente, se acompañan de nostalgia. Pero son sentimientos absolutamente pasajeros".

De hecho, ni siquiera comparte la idea de que esta etapa pueda perdurar tras las fiestas y desemboque en una verdadera depresión clínica. "No da pie a nada más. No existen estadísticas que así lo demuestren", arguye.

Los especialistas, en cambio, sí admiten que se pueda esbozar un perfil de la persona predispuesta a sufrir estos desarraigos emocionales transitorios. "Hablamos de adultos que recuerdan la Navidad de forma idealizada porque su mente no ha evolucionado conforme a su edad. Viven en estas fechas apegados a su niñez, asociando las fiestas al lujo, la iluminación, la alegría y la música porque no han sabido adaptarse a su nueva situación", precisa Fernández.

Aún así, el facultativo reconoce que estas personas no suelen consultar sus problemas con el médico de familia. "Prefieren hablarlo con los amigos".

La enfermedad.

La depresión en toda regla es, sin embargo, una enfermedad seria que conlleva como mínimo 15 días ininterrumpidos de tristeza en los que falta energía para completar las actividades del día. No hay consuelo propio y, a diferencia de la tristeza acusada en Navidad, sólo el tratamiento médico personalizado logra eliminar los síntomas depresivos con gran precisión. Así lo manifiestan los porcentajes de los expertos, que apuntan a que el 80% de las depresiones tienen solución. "Lo que significa una curación bastante elevada en medicina; es un porcentaje muy elevado", precisa el doctor Martín.

Sólo resta un 20% de trastornos llamados rebeldes o resistentes donde los tratamientos actuales no han demostrado ser eficaces. Sí puede ayudar, en cambio, el apoyo de la familia. "Lo más importante es que no insistan en que la persona salga, se mueva o se divierta. Aunque se hace con muy buena intención, estas sugerencias empeoran la patología al originar en el enfermo un sentimiento de culpa por no poder responder a la demanda de quienes le rodean". Según el psiquiatra, "sí hay que insistir en que estas personas vayan a recibir ayuda, que acudan al médico de cabecera para que las traten perfectamente".

En el caso de la melancolía navideña, la primera recomendación que lanzan los expertos es no alarmarse. "No se trata de una depresión clínica, por lo que se puede forzar la alegría como homenaje, por ejemplo, a los que ya no están". También hay que buscar el placer en el día a día y no en los recuerdos elocuentes. "Es la mejor terapia para la tristeza: la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace". Si nada de esto funciona, el siguiente paso es esperar a que pasen las fiestas. "Ya verán como el desánimo desaparece".

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