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La noche que cambió el mundo

El 9 de noviembre de 1989, un error en las fechas para la apertura de las fronteras de la RDA derivó en la caída del Muro de Berlín y el inicio de la reunificación de un país dividido a la fuerza

el 08 nov 2014 / 21:39 h.

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muroNo hicieron falta Ejércitos, muertos ni largos combates. La última gran revolución europea fue obra de un pueblo sediento de libertad que, ayudado por un mundo en transformación, una diplomacia hábil y una cuota de azar, salió a la calle hace 25 años y logró lo impensable: tumbar el Muro de Berlín. Las imágenes de ciudadanos de ambos lados abrazándose perplejos la noche del 9 de noviembre de 1989 y subidos a la pared que durante 28 años había simbolizado el mundo bipolar de la Guerra Fría son parte de la memoria visual de la humanidad y uno de los iconos del siglo XX. Nada sería igual después de esa noche. «Lo que nos parecía una visión inalcanzable, se concretó cuatro décadas después con la unidad alemana y el regreso de la parte oriental de Europa en un triunfo de la libertad», formuló Helmut Kohl, canciller de la Alemania occidental en 1989 y gran arquitecto de la reunificación. «El Muro seguirá ahí dentro de 50 o 100 años», auguraba en enero el jefe de Estado y de partido de la parte comunista (RDA), Erich Honecker. A lo largo del año, sin embargo, las políticas de apertura de Mijail Gorbachov en la Unión Soviética avanzaron al ritmo de una creciente demanda de libertad y democracia en la RDA, mientras miles de alemanes del este huían del régimen a través de Hungría, Polonia y Checoslovaquia. Cientos de miles de manifestantes protagonizaron la llamada revolución pacífica saliendo a la calle primero en Leipzig y luego en otras ciudades al grito de «Wir sind das Volk!» («¡Nosotros somos el pueblo!») y con consignas como «El Muro debe desaparecer». El 7 de octubre, la RDA celebró en un clima tenso los 40 años de su fundación. Gorbachov acudió a los festejos y fue recibido en Berlín por ciudadanos que clamaban: «Gorbi, ¡ayúdanos!». En su discurso, el líder soviético dejó un mensaje profético: «La vida castiga a quien llega demasiado tarde». El Gobierno comunista intentó descomprimir la presión con una nueva normativa para otorgar permisos de salida del país. Pero cuando Günter Schabowski comentó el plan en una conferencia de prensa con periodistas extranjeros, ya bien entrada la tarde del 9 de noviembre, la situación dio un giro inesperado. Al final de la comparecencia, el periodista italiano Riccardo Ehrman preguntó cuándo entraba en vigor la norma. Schabowski rebuscó en los documentos que tenía y, al no encontrar la fecha correcta (10 de noviembre), improvisó: «Ab sofort» (De inmediato). Sería una de las frases con más peso en la Historia de Alemania. Aunque el anuncio era ambiguo y buscaba otro objetivo, el titular La RDA abre sus fronteras copó de inmediato cables de noticias e informativos de la televisión, y llevó a cientos de personas a reunirse ante un paso fronterizo de Berlín esperando cruzar al oeste. Desconcertados y sin instrucciones, los guardias comenzaron a dejar pasar a algunos de los congregados. «Fue el momento más bonito y más horrible de mi vida», recordó uno de los guardias apostados esa noche en el paso. El símbolo de la opresión y la división que había torcido millones de destinos y había costado la vida a al menos 138 personas por intentar cruzarlo se convirtió súbitamente en protagonista de una fiesta que unió a ciudadanos de los dos Berlines en imágenes que daban la vuelta al mundo.

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