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La normalidad no llega a Haití

El comandante del buque Castilla relata cómo es el día a día del país tras el seísmo.

el 01 abr 2010 / 18:59 h.

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La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, rodeada de niños haitianos.

A punto de cumplirse tres meses del terremoto de más de 7 grados en la escala Richter que el 12 de enero asoló Haití, el miedo sigue instalado en el país, no se va, aunque las calles sean un hervidero de personas y los domingos, como era la tradición antes de la tragedia, los haitianos vistan sus mejores galas para acudir a misa.

 "Quieren recobrar la normalidad, pero cuesta, porque la tierra sigue temblando", de esta manera se expresa el comandante del buque Castilla y la agrupación Hispaniola, Francisco Peñuela González, que está al frente de 450 militares españoles -unas 80 mujeres-, que el pasado 22 de enero partieron de Rota (Cádiz) camino de Petit Goave, una población a unos 70 kilómetros de Puerto Príncipe.

Peñuela recuerda que cuando el buque Castilla llegó a la costa de Haití le llamó la atención que desde el mar se veía un paisaje "precioso", pero todo cambió cuando tocó tierra: "Había cantidad de edificios derruidos y prácticamente no se podía circular". Ahora afirma que la situación ha mejorado con el trabajo que están haciendo los soldados españoles en labores de desescombro, para lo cual cuentan con el apoyo de la población. "A nuestros infantes les llaman hormigas por el trabajo que están haciendo, ya que son incansables", comenta con orgullo el comandante al otro lado del teléfono.

Al igual que las autoridades de Haití, este militar español insiste en que la población necesita tiendas de campaña donde poder cobijarse, porque mucha gente se ha quedado sin vivienda -1,3 millones de personas viven en campamentos, según la ONU- y los que tienen su casa intacta "no duermen en su interior por miedo a un nuevo seísmo".

A esta necesidad de tiendas de campaña se une la urgencia de un asistencia sanitaria digna. Desde que los militares españoles llegaron a Petit Goave ya han atendido a unas 5.000 personas, principalmente mujeres y niños, por traumas causados por el terremoto. De todas las asistencias, el comandante guarda los mejores recuerdos de los cuatro partos que se han atendido en el buque Castilla, aunque no puede olvidar a los fallecidos en su barco.

Ahora, tras prestar la atención sanitaria de mayor urgencia, la misión española ha iniciado una campaña de vacunación contra la difteria, tétanos, tosferina, sarampión y rubéola. El objetivo es llegar a los 20.000 inmunizados. Otro problema que se han topado los militares españoles es la falta de agua potable, por ello reparten a diario entre 10.000 y 15.000 litros de agua, a lo que se une que ya han arreglado dos pozos.

Poco a poco. El responsable de la agrupación Hispaniola insiste una y otra vez en que la situación que se encontraron fue dramática y que poco a poco los escombros están desapareciendo de una ciudad donde ya se celebra mercado casi a diario y ya hay motos y coches circulando. Eso sí, remarca que recobrar la normalidad llevará tiempo.
A todos estos contratiempos se une que la época de lluvias está ya encima, por lo que para evitar nuevas desgracias los zapadores de la infantería de marina "están limpiando la rambla de la ciudad para así evitar inundaciones", explica el comandante, quien afirma que el trabajo realizado es gratificante. Sólo le pone un pero: la descoordinación que se encontraron en un principio. "El país estaba en un estado de shock, habían muerto muchos funcionarios y no sabíamos con quién teníamos que negociar", subraya.

Ayer, la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega supervisó sobre el terreno los proyectos españoles.

Ahora Haití mira el futuro con esperanza tras la cumbre de donantes del miércoles en la que se acordó una ayuda de 5.300 millones de dólares.

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