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La nueva Alfalfa

Para que luego digan que el alcalde no rebosa arte por los cuatro costados: en cuanto reforma una plaza, va y la convierte en museo. Primero llevó a la Plaza Nueva a dioses en cueros para arquear el entrecejo de las viejas...

el 14 sep 2009 / 22:36 h.

Para que luego digan que el alcalde no rebosa arte por los cuatro costados: en cuanto reforma una plaza, va y la convierte en museo. Primero llevó a la Plaza Nueva a dioses en cueros para arquear el entrecejo de las viejas, luego llenó la Alameda de cabezotas que parecían huevos prehistóricos, y ahora nos deja en la Alfalfa, quizá para pedir perdón por tanto calvario en forma de vallas, aceras destripadas y tuberías al aire, una colección de mujeres de bronce. Todo está muy bien, por ahora. Esperemos que, junto a los pedestales para la exposición y los seguros de las obras contratadas, haya adquirido también aguarrás y estropajos: o lo que haga falta para borrar garabatos.

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