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Cultura

La nueva vida del Teatro Quintero

La productora sevillana La Zanfoña asume la gestión y ultima una programación variopinta sin renunciar a la que ha sido la línea ‘clásica’ del recinto.

el 04 nov 2014 / 12:00 h.

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La polvareda que ha generado su propia autopromoción ha servido para anunciar que el musical de la revista satírica Mongolia se representará en Sevilla el viernes y el sábado de esta semana, pero lo que también resulta muy llamativo es el lugar en el podrá verse, que no es otro que el Teatro Quintero, en la calle Cuna. ¿Y qué hace una obra tan transgresora en un espacio de programación tan clásica, el lugar de referencia en Sevilla para la copla? Sin ir más lejos, este pasado fin de semana se montó una versión del Tenorio (Don Juan Tenorio, próximamente) que sí cuadra más con la línea a la que nos tenía acostumbrado este recinto. Pues lo que ha cambiado es nada menos que el propietario del teatro, que seguirá llevando el nombre de Quintero pero que durante los próximos cinco años va a gestionar Sacromonte, filial de La Zanfoña, una de las principales productoras andaluzas y españolas, responsable por ejemplo de las películas del director sevillano Alberto Rodríguez.

«El cambio lo simboliza bien este saldo del Tenorio a Mongolia», resume el productor Gervasio Iglesias, que insiste en que la clave a partir de ahora va a estar en «la mezcla». «La idea es que sea un espacio súper abierto, ecléctico, un lugar de encuentro de todas las corrientes culturales de la ciudad con el lema de que la cultura es divertida», sintetiza la filosofía de un proyecto en el que se embarcaron en septiembre pero que no será hasta enero cuando se presente formalmente con una programación todavía en construcción, aunque con un objetivo ya definido: «Que haya actividad los siete días de la semana».

La intención es que el Quintero «sea mucho más que una sala de teatro, algo más integral». Para ello se van a mantener las escuelas de maquillaje y peluquería que ya funcionaban, reforzándose la oferta con una biblioteca centrada en el mundo audiovisual y la celebración de clases magistrales «con conferencias de grandes figuras en todo el ámbito de las humanidades». El teatro y la música se mantendrán como grandes referentes, como demuestra la programación de noviembre: se representarán las obras Hasta la menor duda, Una de piratas y La compañía, que se alternarán con conciertos como el de Las Migas y dos tributos, uno dedicado a Joaquín Sabina y otro a El Último de la Fila. Para diciembre ya se anuncia la comedia Misión Florimón y, para seguir en la senda del eclecticismo, en enero aterrizará Moncho Borrajo.

Pero la gran novedad llegará de la mano de la conversión en sala cinematográfica que se va a promocionar con la marca cine club Pathé-Quintero, lo que supone el reencuentro del inmueble con sus orígenes históricos. De hecho, fue el primer edificio que se diseñó en Sevilla como cine, ya que hasta entonces las proyecciones se hacían en teatros. Su construcción se inició en 1920 con la firma del arquitecto Juan Talavera, abriendo sus puertas en 1925 como el recordado cine Pathé, función que mantuvo hasta mediados de los 80 para luego tener usos tan dispares como discoteca o plató televisivo. Hoy los propietarios de las instalaciones siguen siendo la misma familia que abrió el Pathé hace casi 90 años.

El local está dado de alta como cine, y de hecho ya se estrenó en estos menesteres durante la Bienal de Flamenco (con la exhibición de Triana pura y pura, producido por La Zanfoña) y sobre todo en octubre, al reponer Cinema Paradiso con motivo del 25 aniversario del estreno de la cinta de Giuseppe Tornatore. La idea es exhibir «películas que no lleguen normalmente a Sevilla y grandes clásicos», con la intención de no competir con las salas comerciales, y programar ciclos específicos como los ya previstos de ciencia ficción, cine negro y producciones asiáticas.

Aunque el proyecto que se diseña con más cariño es el que se ha bautizado como Vuelve al cine, con proyecciones matinales y vespertinas de clásicos enfocados a un público veterano. «Serían sesiones a media tarde con la idea de café, té y pastas, pensadas para personas mayores que ahora están por la calle paseando sin saber qué hacer», explica Gervasio Iglesias, una oferta «para todos los públicos» que a la vez supone «la recuperación de la memoria del cine Pathé, que es una parte de la historia de Sevilla», con una exposición específica y la proyección también de documentales antiguos originales.

Volviendo a la música, otro de los ejes sobre los que se quiere hacer girar la actividad es el flamenco, poniendo el acento en la celebración de fiestas. Estos eventos serán posible gracias a que al teatro, que tiene capacidad para 325 espectadores, se le pueden quitar las gradas de abajo para formar un escenario circular alrededor del cual se coloquen mesas. Esta misma fórmula se usará para los espectáculos de cabaret y de variedades que los nuevos gestores tienen en mente.

«Nos gusta la cultura y la difusión de la misma», explica Iglesias a propósito del porqué de la aventura de hacerse con un edificio que han convertido en el cuartel general de la productora. Y todo ello, con el compromiso de unos precios «súper asequibles, porque ahora el consumo cultural tiene el enorme problema del IVA desproporcionado, la gente no tiene dinero para la cultura».

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