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La nueva zona verde junto al Vacie sigue sin puertas después de dos años

Continúa sin terminar el segundo cerramiento, pues el primero fue robado. Este recinto de 13,5 hectáreas también carece de equipamientos

el 10 ago 2013 / 23:00 h.

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Imagen de una de las entradas sin puertas a un parque que está aún pendiente. Foto: Manuel R.R. (Atese) Imagen de una de las entradas sin puertas a un parque que está aún pendiente. Foto: Manuel R.R. (Atese) No mejora la estampa si saltamos de Triana al distrito Norte. Aquí, el nuevo parque proyectado junto al asentamiento chabolista del Vacie no termina de ser una realidad. Sin puertas que permitan su conservación y sin equipamientos públicos que inviten a su uso por los vecinos, el recinto no está aún terminado pese a llevar años en obras. El parque del Vacie, junto a la rotonda del Carrefour Macarena, se creó dentro del programa de Regeneración de Solares Degradados para poner en valor 13,5 hectáreas de suelo abandonado en esta zona de la ciudad. El proyecto general de adecentamiento contó con una inversión de 278,34 millones de las antiguas pesetas, de los que la Unión Europea (UE), a través del Fondo Europeo de Desarrollo Local, aportó el 70% del montante necesario. Antes de esta primera intervención, la zona era un montículo de tierra y matorrales en los que proliferaba la presencia de ratas y otros animales que incomodaban a los vecinos de las barriadas próximas. A principios de la década pasada se hizo la inversión del actual parque, adecuándolo a zona verde y con el objetivo de que fuera un nuevo pulmón verde de la capital. Los trabajos se centraron además en levantar un cerramiento, que duró poco. Los hierros y demás elementos que cercaban el recinto fueron sustraídos por los vendedores de chatarra. Por ello, hace dos años, el Ayuntamiento trató de solucionar este inconveniente y se embarcó en la realización de un nuevo cerramiento –el actual– que encargó a la empresa Sando. Entonces se levantó el vallado a lo largo de todo el perímetro del parque, dejando libres los huecos en los que irían las entradas. Pero dos años después no ha habido cambios. Siguen las vallas –que esta vez no han sido sustraídas– pero ni rastro aún de las puertas. Las enormes columnas de hormigón que delimitan las distintas entradas siguen exentas, sin más compañía que los matorrales que crecen en la base y los grafitis que decoran sus caras. Este cerramiento incompleto dificulta su conservación, sobre todo de noche, cuando sirven de escenario al vandalismo y otros actos incívicos. Una vez dentro, la situación de abandono se palpa en cualquier rincón. Las tareas de limpieza no tienen la frecuencia que deberían y en contadas ocasiones, relatan los vecinos, se limitan a desarrollar “intervenciones puntuales cuando urge retirar rastrojos”. Tampoco hay equipamientos que inviten a visitarlo como zona de esparcimiento. Sin papeleras, ni bancos... la inmensidad de esta zona verde –13,5 hectáreas– es el único reclamo. Todas estas carencias, unidas a su proximidad con el asentamiento del Vacie, dificultan que los sevillanos vayan a pasear, hacer deporte o simplemente descansar. Por contra, a veces se ven “inmigrantes o vecinos del Vacie durmiendo”

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