Cultura

La obra maestra de Azzarello

el 14 jul 2011 / 20:16 h.

Supongan por un momento que, por razones desconocidas, su vida ha dado en los últimos tiempos un giro dramático, convirtiéndose en un infierno. Y supongan también que, en dicha tesitura, un desconocido se les acerca ofreciéndoles un maletín con una información reveladora acerca de la persona que les ha arruinado su existencia sin que ustedes lo sepan, y que, con dicha información y una pistola con cien balas irrastreables, ustedes pueden vengarse de forma impune. ¿Lo harían?

saEsta “sencilla” pregunta era la que, en junio de 1999, lanzaba el sello Vértigo a sus lectores con una nueva colección apadrinada por dos autores relativamente desconocidos para los que ya nada volvería a ser lo mismo. ¿Sus nombres? Brian Azzarello y Eduardo Risso.   Azzarello ya había demostrado su valía como guionista de género negro en un título llamado Johnny Double, que en su momento pasó casi desapercibido pero cuya lectura bien valdría la pena recuperar. Risso, por su parte, acaparaba ya una longeva trayectoria que había empezado algo más de una década antes en su Argentina natal trabajando con guionistas como Barreiro o el desaparecido Trillo antes de mudar su talento a Europa para, aún de la mano de éste último, publicar títulos como Yo, vampiro o Chicanos.

Acabada su aventura en el viejo continente, Risso desembarcaría en el mercado norteamericano dos años antes del primer número de 100 balas, colaborando con Azzarello en la citada Johnny Double como paso previo y fundamental al que supondrá su trampolín al estrellato en el noveno arte, un cómic en el que Risso da incontables muestras de su excelente y brillante hacer a la hora de recorrer los oscuros recovecos por los que se mueve la trama urdida por el guionista.

Con tantos números como balas figuran en su título, y con un periplo editorial que se alargaría durante una década, 100 balas es para muchos el cénit del cómic negro. Y aunque dicha apreciación sería susceptible de aceptar varios matices (ninguno de los cuales tiene que ver con el dibujo), no cabe duda de que lo concretado por Azzarello y Risso supera con mucho lo que cualquier otra serie noir ha llegado a ofrecer . En 100 balas la acción comienza presentándonos a una de esas personas cuya vida ha pasado de ser normal a insoportable: Dizzy ha pasado un tiempo en prisión y, cuando sale, se encuentra con el agente Graves, motor silente de todo lo que a partir de entonces comenzará a moverse.

Graves le ofrecerá a Dizzy el citado maletín, siendo la primera de muchos personajes que lo recibirán por un motivo u otro a lo largo de los cien números.


Pero lo que en principio parece una serie montada de forma casual, hilvanada a través de las historias sueltas de aquellas personas a las que Graves otorga su gracia, pronto se revela como un argumento mucho más complejo en el que Azzarello va construyendo una trama de traiciones y crímenes alrededor de una misteriosa organización conocida como los Minutemen. Una trama que, y éste es el mayor matiz de los que antes comentábamos, de tan compleja que llega a hacerse, obscurece muchos tramos de la lectura, lo que no quita para que, aún así, se deba valorar de forma sobresaliente a tan soberbia colección.

Publica Planeta DeAgostini en un cuatro libros cartoné de 592 páginas c/u por 150 euros.

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