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La ocasión la pintan calva

Hasta bien entrado el siglo XIX lo que de Sevilla atraía a autores de obras de teatro, libretistas de óperas y viajeros extranjeros que llegaban por aquí eran las pinturas de nuestro Siglo de Oro; después ese furor pasó a las antigüedades romanas y, sobre todo, a lo que quedaba...

el 16 sep 2009 / 05:11 h.

Hasta bien entrado el siglo XIX lo que de Sevilla atraía a autores de obras de teatro, libretistas de óperas y viajeros extranjeros que llegaban por aquí eran las pinturas de nuestro Siglo de Oro; después ese furor pasó a las antigüedades romanas y, sobre todo, a lo que quedaba de un Al Ándalus ya mitificado hasta el punto de calificar de "moro" (aún persiste la calificación) al alcázar levantado por Pedro I. La muestra en Londres y Washington de grandes obras del barroco sevillano puede ser, pues, muy importante para renovar la imagen de Sevilla vista desde fuera.

En ese periodo no se prestó ninguna atención a la espléndida producción escultórica que ahora será la protagonista en esas dos exposiciones y más tarde, cuando en el XVIII comenzó a forjarse el concepto abstracto de arte, los cánones de Montañés o Juan de Mesa no cupieron en sus tratados; las figuras escultóricas sevillanas del XVI y XVII, con raras excepciones como el Giraldillo, no tuvieron por padrinos a altos mecenas ni fueron concebidas para las catedrales sino que nacieron dependientes de las devociones populares: eran "imaginería", hijas de un dios menor de la gubia.

Hace año y medio estuvieron en las exposiciones sobre el Barroco, cima de montaje y sima de organización y promoción; vistas y no vistas, por tanto. Ahora las reclaman en grandes museos de ciudades que dirigen grandes corrientes humanas. Es una ocasión única para renovar la imagen de Sevilla y de Andalucía -dar de comer a las vacas en tiempos flacos para que engorden y sean rentables más adelante- pero también para convertir nuestra escultura de oro en arte a estudiar por escolares en nuestros planes de estudio en los que apenas si aparece. Aprovechar la ocasión es imprescindible porque por algo la pintan calva.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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