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La ola de robos de hierro y cobre llega al cementerio dañando calles y lápidas

Varias calles del cementerio se han quedado sin tapas de alcantarilla. Los ladrones se han llevado hasta las herramientas de los albañiles

el 24 ago 2014 / 12:00 h.

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ROBO DEL ALCANTARILLADO DEL CEMENTERIO Ni siquiera un recinto que se tiene por «sagrado» como es el camposanto está libre de la acción de los cacos. El cementerio sevillano de San Fernando se ha convertido en las últimas horas en objeto de deseo para los ladrones de chatarra, que aprovechan la escasa vigilancia de un perímetro sin vallas altas y sin iluminación exterior para campar a sus anchas entre tumbas y cipreses con la más absoluta impunidad. Ya no sólo esquilman las lápidas para robar los accesorios y complementos de cierto valor que embellecen los nichos, caso de los jarrones de bronce y las efigies de Jesús, la Virgen María y otros santos. Los asaltadores del cementerio han puesto sus ojos ahora en otro botín mucho más accesible y que simplifica bastante sus acciones: sólo en esta semana han desaparecido más de 20 tapas o arquetas de las alcantarillas del camposanto sevillano. Los hurtos se concentran en la zona del cementerio más cercana al barrio de San Jerónimo. Calles del camposanto como San Elías, San Eleuterio, San Martín de Porres, San Dámaso y San Alejo han sufrido en las últimas horas la visita de los cacos, incluso en noches consecutivas a lo largo de esta misma semana. Según el testimonio de algunos empleados del cementerio, esta nueva «oleada de robos» no tiene parangón. «Esto es demasiado. Jamás en la vida hemos visto una oleada como ésta, con acciones tan seguidas». Durante el miércoles, jueves y viernes de esta semana, los robos han ido en aumento. Primero desaparecieron cuatro arquetas en la calle San Elías, luego una decena de las calles más próximas y así hasta las más de veinte que han sido sustraídas por los asaltantes sin que nadie ponga remedio. La vigilancia nocturna de todo el cementerio se reduce a la presencia de un solo vigilante «sin más defensa que una simple porra y al que les tienen cogidas las horas para saltarse», dicen los empleados. El saqueo de los ladrones no sólo se ha reducido esta semana a las tapas de las alcantarillas, un botín que luego pueden vender a chatarrerías para su fundición. «Una de las noches se llevaron también todas las herramientas y utensilios de los albañiles que están construyendo mil nuevas sepulturas en la calle Jesús del Gran Poder. Arrasaron con todo: se llevaron hasta los andamiajes y las borriquetas», relata un empleado que pone el acento en la escasa vigilancia del recinto en los meses estivales:«Entre porteros y vigilantes deberíamos sumar 12 personas, pero dos están de vacaciones y cinco están dados de baja, con lo cual sólo estamos trabajando cinco personas, de las que sólo coincidimos diariamente tres por nuestros descansos semanales. Estamos al mínimo». ROBO DEL ALCANTARILLADO DEL CEMENTERIOLos cacos arramplan, de paso, con cualquier accesorio o complemento de valor que salte a la vista para lo que no dudan, incluso, en destrozar nichos y lápidas en busca de jarrones, figuras de santos y otros elementos decorativos: las letras en bronce que componen la última esquela del finado, las argollas de las tumbas de las sepulturas de tierra, «y últimamente hasta rompen las grandes losas de piedra con las que se sellan los nichos para extraer los hierros de su interior y luego venderlos». A falta de una respuesta más contundente desde la dirección del cementerio para poner fin a estos asaltos, los empleados del cementerio están procediendo en las últimas horas a sellar las alcantarillas que han sido saqueadas con losas de piedra a fin de evitar accidentes entre los usuarios que visitan a diario el camposanto. «Son alcantarillas hondas y conllevan un gran peligro. Cualquier persona distraída puede meter accidentalmente el pie ahí sin darse cuenta y romperse ya sea el pie o la cadera». Según el testimonio de los empleados, los asaltantes acceden al cementerio bien por una zona cercana al polígono industrial de San Jerónimo o bien por una tapia próxima al asentamiento chabolista de El Vacie. «Para saltar al interior lo tiene más fácil. Más complicado sin embargo les resulta salir, maniobra para la que suelen utilizar una escalera grande, de cuatro ruedas y con un descansillo arriba, que es propiedad del cementerio. Cuando el vigilante ve esa escalera pegada a la tapia ya sabe que nos han entrado nuevamente. Una vez el vigilante cazó a un chaval con una mochila a la espalda con objetos de bronce que había robado, pero al tratarse de un hurto en vez de un robo lo pusieron en la calle al momento». El cementerio no responde de los hurtos que se producen en las lápidas de las sepulturas, sino que se limita a notificar las sustracciones a los familiares afectados, a los que se invita a la vez a denunciar los hechos a la Policía. «La gente está cada vez más concienciada de que no deben poner cosas de valor en las lápidas porque se las llevan», asegura un empleado. De momento, tengan cuidado por dónde pisan. VEA MÁS FOTOS DE LA OLEADA DE ROBOS  

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