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La orquesta de los jubilados

Bandurrias, laúdes y guitarras son los  instrumentos de nueve jubilados que llevan más de una década con la idea de recuperar una vieja tradición gracias a la Orquesta de Pulso y Púa del Aljarafe.

el 22 may 2011 / 21:26 h.

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Si piensa en bandurrias inmediatamente tendrá en su mente un tuno dando saltos y arreciándole en la oreja una ración de Clavelitos. Y si imagina un laud probablemente ya esté pensando en un renacentista tañedor de melancólicas melodías. Y no tenemos que añadir que si ve una guitarra su imaginación colocará a Camarón delante. Pero si, en cambio, se unen bandurrias, laúdes y guitarras el resultado antes que ser una mezcla de flamenco clásico tuneado es la Orquesta de Pulso y Púa del Aljarafe.

"El pulso es porque nos hace falta para llevar el ritmo y las púas, bueno, todos estos instrumentos se tocan con púas", dice su fundador, Manuel Bustos, desvelando el secreto mejor guardado de esta empresa pequeña pero con grandes corazones en su interior. En total nueve, porque son nueve las personas que un día de 1999 decidieron enrolarse en un conjunto que surgió al cobijo del Centro de Mayores de San Juan de Aznalfarache.

Y no, no se puede decir que a estas alturas ya hayan tocado en la Musikverein de Viena, pero ninguno de sus integrantes lo pretende: "Nosotros hacemos estos porque nos lo pasamos muy bien pero somos gente mayor, cada dos por tres uno de nosotros está de médicos y no podemos juntarnos todos", reconoce el jefe con rotunda sinceridad.

La historia de su fundador es de las que se cuentan una vez y hay que contarlas dos para calmar las caras de estupefacción. "Nací en el 36, crecí en Bujalance (Córdoba), allí había una rondalla y cuando podía y no me veían cogía los instrumentos y me ponía a tocar", recuerda Manuel Bustos. Autodidacta de raza, también se empeñó en tocar el clarinete. Y a fe que lo consiguió.

"Hace 40 años fundé con unos amigos un grupo, Los Delfines, actúamos en casi toda España: éramos tres guitarristas y una vocalista. Algo así como Los Panchos, pero españoles. Íbamos mucho a la base militar de Rota y allí, un buen día, nos salió un contrato en Guantánamo. Yo no me quise ir, me casé aquí, y mis colegas hicieron las Américas", explica como si la peripecia de Los Delfines fuera lo más normal del mundo en un grupito de provincias en la posguerra.

Cuando se cansaron de vivir al otro lado del charco, aquellos volvieron, se reencontraron con Manuel y decidieron ponerse pajarita y formar una orquesta. "Aquí en Sevilla no tenemos competencia. Pero no se vaya usted a creer que somos ambiciosos, tocamos donde nos llaman, no cobramos un euro, nos juntamos dos veces en semana y preparamos repertorio", explica con una sencillez que no precisa más aclaraciones.

Se han paseado por los Reales Alcázares, por el Círculo Mercantil e Industrial, la Fundación ONCE y numerosos pueblos de la provincia. Su aspiración es "seguir vivos muchos años" para continuar haciendo felices a quienes les escuchan. "El laúd y la bandurria, ahí donde los ve, tienen un repertorio inmenso", dice. Que si una Espigadora por allí, que si La leyenda del beso por allá, y por medio Suspiros de España. "Algunos no saben música, yo se la cifro y así aprenden", apunta desnudando aun más este pequeño milagro musical del Aljarafe. "Si alguien lee esto y se anima a tocar con nosotros, que se una. No vendrá nadie más, a los mayores les gusta más el dominó que la música. No lo entiendo", lamenta. 

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