Economía

La PAC impone desde este otoño tener al menos dos cultivos en la misma finca

La campaña de siembras arranca ahora con una gran novedad: entre 10 y 30 hectáreas, al menos dos producciones distintas, y a partir de 30, como mínimo tres.

el 26 sep 2014 / 12:00 h.

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Finales de septiembre y ha llovido. El tempero invita a sembrar. Las tierras están preparadas pero la campaña se presenta con quebraderos de cabeza para el agricultor. ¿Qué cultivar? Porque por vez primera, tendrá que combinar varias producciones. Así lo impone Bruselas en la reforma de la Política Agraria Común (PAC) que entra ya en vigor a pesar de que faltan por publicarse los reglamentos que la desarrollan. Son cosas de la burocracia que, al final, terminan por confundir al campo. Un agricultor se dispone a preparar la tierra para sembrar en una finca sevillana. / EL CORREO Un agricultor se dispone a preparar la tierra para sembrar en una finca sevillana. / EL CORREO La novedad es importante pero la información escasea entre los agricultores. Tanto que les pillará de imprevisto. El Ministerio que dirige Isabel García Tejerina ha elaborado una guía para tratar de que no haya sorpresa de última hora. Léase: que quien creía que iba a cobrar las ayudas comunitarias finalmente no las perciba por no cumplir la diversificación de cultivos incorporada al denominado greening, otro de los nuevos palabros del complejo argot agrario europeo, y que hace referencia al obligado respeto (o prácticas beneficiosas) al medio ambiente como condición sine qua non para que el dinero llegue al bolsillo. Atentos al principal cambio. Si la tierra destinada a cultivo cubre entre 10 y 30 hectáreas, se deben sembrar «al menos» dos tipos distintos de producciones, sin que la mayoritaria supere el 75 por ciento de la superficie. Si se rebasan las 30 hectáreas, deben coexistir «al menos» tres cultivos, de los que el dominante no puede exceder del 75 por ciento, ni dos juntos el 95 por ciento. Y ser diferente también viene regulado: no valen dos trigos distintos por muy diversas que sean sus semillas. El Ministerio de Agricultura habla de ocho matices, de los que media docena forman los casos más comunes, a saber: uno, los dispares géneros botánicos (por ejemplo, cebada, trigo, maíz o avena son todos cereales, sí, pero diferentes); dos, las distintas especies en el caso de brassicaceae (coliflor, col y brócoli), solanaceae (el tomate y la patata) y cucurbitaceae (el melón y la sandía); tres, el barbecho (es el terreno sin sembrar); cuatro, la hierba u otros forrajes herbáceos; cinco, los cultivos de invierno y primavera –dos trigos son diferentes siempre y cuando sean de desiguales temporadas de siembra–; y seis, en cultivos mixtos en hilera (por ejemplo, cebollas y zanahorias sembradas en una estrecha vecindad), cada uno se estima dispar si representa el 25 por ciento de la superficie. Pero las «excepciones» a la legislación del greening son igualmente importantes, en especial para la provincia de Sevilla, tierra de dehesa y arroz, apostillan fuentes de la patronal agraria Asaja. Son cuatro las que librarían a los agricultores de la obligada diversificación. Una, explotaciones en las que más del 75 por ciento de los terrenos dedicados a cultivos se utilice para producir hierbas u otros forrajes herbáceos, o se deje en barbecho, o se dedique a una combinación de ambos, siempre que la tierra de cultivo restante (el otro 25 por ciento) no supere las 30 hectáreas. Dos, fincas en las que más de tres cuartas partes de la superficie agrícola –esto es, la destinada a cultivos o pastizales– sea usada para pasto permanente, hierba u otros forrajes –y aquí entraría la excepcionalidad de la dehesa– con la coletilla anteriormente empleada. Tres, las tierras de producciones bajo agua durante una parte significativa del año o de su ciclo vegetativo –hablamos, pues, del arroz–. Y cuatro, las explotaciones en las que más de la mitad del terreno para cultivos no hubiese sido declarada el año anterior y todos sean diferentes al ejercicio precedente. Y ¡ojo! Todo esto atañe a la agricultura convencional, no a la ecológica –por definición, ésta es verde y, por tanto, tiene derecho al abono del greening– y están exentos también los pequeños productores –los que perciben menos de 1.250  euros en pagos directos– y las superficies de cultivos permanentes (viñedo, olivar, cítricos, frutales). Las fincas de más de 15 hectáreas, asimismo, tendrán que destinar «al menos el 5 por ciento» a superficie de interés ecológico. ¿Qué es? Barbecho, cultivos fijadores de nitrógeno (judía, garbanzo, lenteja, guisante, habas, altramuz, algarroba, veza, yeros, alverja, alverjón, alfalfa y veza forrajera, entre otros, o a silvicultura. Y la conclusión final: más papeleo para una PAC que pretendía ser más simple. LAS CLAVES Qué es. El greening o conocido también como pago verde otorga una ayuda anual por cada hectárea vinculada a un derecho de pago (o renta) básico siempre que se respeten determinadas prácticas medioambientales. En todo caso, el agricultor que pretenda activar sus derechos de pago básico debe atenerse a esas prácticas medioambientales en todas las hectáreas de su explotación sujetas a los requisitos del pago verde. Para que se entienda: un agricultor puede cobrar sólo la subvención básica, o sumarle la verde y una tercera acoplada o asociada a la producción (o cosecha). Pero cuidar el entorno natural es siempre una obligación. Cuándo. Este pago verde se pondrá en marcha en la solicitud de ayudas de la pac PAC del año 2015. Esto supone, según explica el propio Ministerio de Agricultura, que las siembras del otoño de 2014 «ya deben tener en cuenta» tales requisitos. El greening supone el 30 por ciento del presupuesto nacional de la PAC. Cuánto. El importe del pago verde estará conformado por un porcentaje del valor total del pago básico (o renta básica) que corresponda al agricultor. Este porcentaje se determinará anualmente y se publicará en la página web del FEGA. Para 2015, su presupuesto ascenderá a 1.453 millones de euros. Quiénes. Todos los agricultores con derecho a pago en virtud del régimen de pago básico tienen derecho a percibir el pago verde y deben respetar las tres prácticas medioambientales en todas sus hectáreas: diversificación de cultivos; mantenimiento de los pastos permanentes existentes, y, por último, contar con superficies de interés ecológico en las explotaciones.

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