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La paciencia es buena consejera

El miércoles pasado, en un artículo publicado en El País, y firmado por el ex presidente del Gobierno Felipe González, titulado Crisis y prioridades, se atrevía a plantear una propuesta que, de inmediato, ha suscitado importantes reacciones a favor y en contra.

el 15 sep 2009 / 04:33 h.

El miércoles pasado, en un artículo publicado en El País, y firmado por el ex presidente del Gobierno Felipe González, titulado Crisis y prioridades, se atrevía a plantear una propuesta que, de inmediato, ha suscitado importantes reacciones a favor y en contra. Lo que proponía, con argumentos más que convincentes, era la conveniencia de aplazar la reforma del sistema de financiación autonómica hasta que hubiésemos superado la actual situación de crisis económica y hubiésemos entrado en un ciclo más favorable.

El argumento, más que sólido, que González ponía sobre el tapete es que, en estos momentos, todos los esfuerzos tienen que centrarse en dar respuesta a las verdaderas prioridades de los ciudadanos. Y lo que, hoy por hoy, de verdad inquieta a la gran mayoría de los españoles es ver cómo aumenta el paro, cómo les sube la hipoteca de su casa, cómo se disparan los precios de los alimentos básicos, cómo se endurecen las condiciones de los créditos y cómo disminuyen los índices de confianza cuando ni siquiera se vislumbra una posible reactivación del sector de la construcción, ni los índices de producción industrial pueden compensar las consecuencias del frenazo inmobiliario. Todo ello, como es lógico, derivando hacia una caída del consumo, o sea, como una gran pescadilla que se muerde la cola.

Así que es lógico plantearse que, en estos momentos de incertidumbre, de temor y de dificultades para amplias capas sociales, los esfuerzos de planificación financiera e inversiones públicas tendrían que centrarse en resolver, o al menos intentarlo esos problemas y servir de locomotora para salir del túnel cuanto antes. Y no parece que la discusión, que puede ser a cara de perro, sobre cómo se articula un nuevo sistema de financiación autonómica, proceso en el que, como es lógico, cada cuál va a intentar arrimar el ascua a sus sardinas, sea el método más acertado, sino todo lo contrario, porque esto llevaría inevitablemente a un desmembramiento del esfuerzo común que, a nivel nacional, y con solidaridad interregional, hay que hacer para superar las actuales dificultades.

No se debe entender esta propuesta como una paralización del proceso que lleve, en su conclusión, a un nuevo modelo de financiación autonómica, sino como una reflexión sobre la conveniencia de su aplazamiento hasta que nos encontremos en una coyuntura económica más favorable. Y esto es así, pensando también en el propio beneficio de nuestro sistema autonómico porque, a la hora de acordar un nuevo modelo de financiación, no parece lo más inteligente el hacerlo en un momento en el que, a las dificultades propias de conjugar intereses cruzados, habría que añadir las derivadas de la difícil situación económica que estamos viviendo. Quizás el consejo no sea válido para siempre pero en este caso sí, porque la paciencia es buena consejera.

Periodista

juan.ojeda@hotmail.es

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