martes, 20 agosto 2019
20:33
, última actualización
Local

La peineta de Matisse

En el otoño de 1908, hace por lo tanto exactamente cien años, llegaba el pintor Henri Matisse a Sevilla, siguiendo el consejo de Picasso. Estuvo por aquí un tiempo, compró un mantón de Manila y, al parecer, una mantilla y una peineta...

el 15 sep 2009 / 15:35 h.

En el otoño de 1908, hace por lo tanto exactamente cien años, llegaba el pintor Henri Matisse a Sevilla, siguiendo el consejo de Picasso. Estuvo por aquí un tiempo, compró un mantón de Manila y, al parecer, una mantilla y una peineta y, a su vuelta, se los puso a su mujer y, metido ya decididamente en la senda del fauvismo, pintó uno de los cuadros que lo han hecho célebre, el de la mujer envuelta en las flores de seda y tocada con esas dos prendas, algo que aquí a ninguna fémina se le hubiera ocurrido hacer pero que, combinadas en el lienzo y con las tablas añil de fondo, crean un conjunto realmente bello.

Un siglo después a Ruvén Afanador se le ocurre hacer algo parecido, y no creo que el hecho haya sido intencionado porque, de serlo, lo hubiera dicho: pienso que más bien, todo podría residir en la peineta -en Sevilla, peina-, dotada del mismo poder sobrenatural que Arthur C. Clarke dio a su plancha de ignoto metal en 2001, una odisea del espacio. Es la sencilla prenda de carey la que produce el cambio y los artistas -el de ayer y el de hoy- no son sino sus instrumentos.

En un instante la esposa del pintor pasó de mujer insustancial con gorra de lana, a una especie de diosa y ahora la peina ha servido, más que al fotógrafo, al derrumbe del estereotipo: Matilde Coral, Eva Yerbabuena, Esperanza Fernández, Concha Vargas, la Farruca o Isabel Bayón, versiones contemporáneas del cliché secular de la mujer tradicional anclada en la de los relatos de viajeros, se han transformado en nuevas criaturas, en símbolos futuristas, en las fieras -fauves- que guiaron los pinceles de Matisse. Aunque suene, falsamente, a tradicional el Instituto Andaluz de la Mujer debería pensarse si la estatuilla de sus premios no debería ser una peineta.

Antonio Zoido es escritor e historiador

  • 1