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La penosa vida de los huidos de las Tres Mil

La penosa situación que atraviesan las 300 personas que huyeron hace un mes y medio de las Tres Mil Viviendas certifica una vez más la terrible complejidad a la que se enfrentan las Administraciones a la hora de abordar la integración social de familias que hasta no hace tantos años vivían en chabolas...

el 16 sep 2009 / 02:28 h.

La penosa situación que atraviesan las 300 personas que huyeron hace un mes y medio de las Tres Mil Viviendas certifica una vez más la terrible complejidad a la que se enfrentan las Administraciones a la hora de abordar la integración social de familias que hasta no hace tantos años vivían en chabolas y cuya conflictividad ha sembrado de dificultades la labor desarrollada por el Comisionado del Polígono Sur.

Este grupo de personas está compuesto por 35 familias de un clan de etnia gitana que hasta el año 2004 poblaba el asentamiento chabolista de Los Bermejales. Ese verano, el Ayuntamiento les pagó 42.000 euros a cada una de éstas para que se fuera de allí, pero no arbitró medidas integradoras que les permitieran asimilar el cambio de su modo de vida. El resultado fue que casi todos ellos se fueron al Polígono Sur y allí reprodujeron un esquema de actuación especialmente problemático. Ahora, estas 300 personas han huido por miedo a represalias tras la reyerta en la que murió un niño de 17 años y viven en condiciones marginales, en un poblado sin luz ni agua caliente y con un centenar de niños que llevan un mes y medio sin pisar la escuela.

Todos ellos son víctimas de una situación que no deberían soportar por más tiempo. Las Administraciones están trabajando con sumo cuidado por razones de toda índole, en especial por las relativas a la seguridad de quienes componen el clan. Pero, aparte de este problema, se enfrentan a una cuestión tan delicada como la anterior: el realojo de las familias. Muchas de ellas presentan problemas para una integración normalizada, y además se topan con el rechazo generalizado a su presencia en los barrios en los que terminan ofreciéndoles una vivienda digna. De ahí la importancia de que todo el trabajo que se desarrolla para dar solución a los conflictos planteados sean manejados con criterios de extrema prudencia, un aspecto clave para acabar con una situación que hay que arreglar cuanto antes por una mera cuestión de pura humanidad.

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