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La peor maldad del progreso

Con alrededor de 60 millones de muertos y una tecnología armamentística sin precedentes, la II Guerra Mundial permanece como el conflicto más devastador de la Historia, en el que ambos bandos cometieron hitos de la atrocidad humana como el Holocausto o el lanzamiento de la bomba atómica.

el 16 sep 2009 / 07:57 h.

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Con alrededor de 60 millones de muertos y una tecnología armamentística sin precedentes, la II Guerra Mundial permanece como el conflicto más devastador de la Historia, en el que ambos bandos cometieron hitos de la atrocidad humana como el Holocausto o el lanzamiento de la bomba atómica.

"Me satisface mucho que hayan sido inventados los explosivos, pero creo que no debemos mejorarlos", decía Winston Churchill. Tal día como hoy de hace 70 años, el 1 de septiembre de 1939 -fecha en que se situó el estallido de la guerra-, puso en duda las bondades del progreso al convertirse en un campo de pruebas del hombre para su propia barbarie.

Los resultados superaron la expectativas hasta casi llegar a la autodestrucción, y el propio Churchill acabaría escribiendo en su libro Segunda Guerra Mundial sobre la decisión de ejecutar los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki: "Todos estuvimos de acuerdo de forma unánime, automática e incuestionable. Ni siquiera escuché la menor sugerencia de que debiéramos hacer otra cosa".

Así acabó Churchill resumiendo la instrumentalización de la técnica, que fue apuntada por los filósofos de la Escuela de Francfort y cristalizada con escalofriante eficiencia en los campos de concentración nazis. "Una muerte es una tragedia, millones es una estadística", sentenció por su parte Josef Stalin. El exterminio sistematizado de 12 millones de personas (la mitad de ellos judíos) y la bomba atómica siguen siendo las atrocidades más significativas del conflicto, pero no las únicas ocurridas entre el 1 de septiembre de 1939 y el 9 de septiembre de 1945.

Desde la invasión alemana de Polonia a la rendición formal de las tropas japonesas en China, alfa y omega del conflicto, se produjeron otras batallas cruentas, desde Stalingrado (Rusia) hasta Dunkerque (Francia) y Guadalcanal (Islas Salomón), así como bombardeos tan famosos como los de Dresde (Alemania) y Pearl Harbor (EEUU). Más de 70 fueron los países implicados agrupados en dos frentes: el Aliado, capitaneado por EEUU, Francia, Reino Unido y Rusia, y el Eje, con Alemania, Italia -que luego cambió de bando- y Japón como banderas protagonistas. Todo ello traducido en innumerables cicatrices históricas que, a día de hoy, siguen supurando.

Al término del conflicto, el mapa político de Europa sufrió una profunda transformación, ya que se produjo el derrumbe de los grandes imperios y surgieron nuevos países. El fracaso entonces de la Sociedad de Naciones alumbró a su heredera, las Naciones Unidas; el Plan Marshall de recuperación de una Europa derruida se convirtió en pieza fundamental para la hegemonía económica estadounidense, y la creación del Estado de Israel en 1948 se traduce en uno de los principales focos de conflicto en el mundo actual.

La línea en principio bien definida de vencedores y vencidos o, más bien, entre héroes y villanos sigue difuminándose en el debate de los historiadores. El maniqueísmo, que alcanzó su auge durante los años de la Guerra Fría, sigue mostrando sus fallas conforme se van destapando informes de la época. "La apertura parcial de archivos soviéticos a raíz de la caída de la URSS ha alterado la compresión de la guerra en el frente oriental por parte de los estudiosos occidentales", escribían en el libro La guerra que había que ganar Williamson Murray y Allan R. Millet.

Quizás lo que caracterizó a esta guerra fue el hecho de que hubo muchas más muertes civiles que militares, y por lo menos dos de cada tres de los fallecidos fueron hombres, mujeres y niños asesinados al margen de cualquier proceso legal, aniquilados en campos de internamiento o víctimas el hambre. Aún hoy sigue permaneciendo una crítica hacia la comunidad internacional que ya se hizo en su momento: la de hacer oídos sordos ante los primeros pasos de expansión nazi por su "utilidad" como freno para la pujanza comunista.

la víctima. Por su parte, Polonia vive el aniversario con muchas heridas aún abiertas y su condición de gran víctima cuestionada, después de que un documental de la televisión pública rusa revelase que el Gobierno polaco y la Alemania nazi firmaron en 1934 un pacto contra Stalin.

Los historiadores polacos pusieron el grito en el cielo y negaron esta acusación, que sorprendentemente situaría a Polonia dentro de una alianza secreta con el Tercer Reich y Japón para acabar con los soviéticos, algo demasiado incómodo en un país donde la única realidad palpable es la desolación que dejaron tras ellos los ejércitos alemán y ruso.

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