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La peor multa es la vergüeza

Los clientes de la prostitución callejera pueden ser multados desde octubre con hasta 3.000 euros. La Policía Local ya ha tramitado 43, la última la madrugada de ayer. La mayoría se quedan cortados y asumen callados el pago.

el 27 ene 2012 / 22:36 h.

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"Madre mía, si lo llegó a saber... yo no soy persona de estas cosas". Es lo único que acertaba a decir el cliente número 43 al que recurrir a los servicios de la prostitución callejera acaba de costarle entre 750 y 1.500 euros, según la ordenanza municipal que entró en vigor en octubre. Los agentes de la Unidad de Intervención Nocturna de la Policía Local que cada día recorren los focos habituales -Su Eminencia, el Polígono Carretera Amarilla y algunas zonas de Sevilla Este principalmente- reconocen que es difícil sancionar porque hay que pillar in fraganti al cliente. Si aún están negociando el precio del servicio "dicen que solo están hablando" y si ya están juntos que "son novios". Pero en este caso no había duda porque la profesional es una vieja conocida y acababa de ser identificada por éstos (lo único que pueden hacer, ya que la norma solo sanciona a clientes y proxenetas). El cliente se quedó tan sorprendido que ni tuvo reflejos para negarlo. "Es lo normal, se quedan cortados y no dicen nada", cuentan los agentes.

 

José (nombre ficticio) tiene 26 años y se ha llevado "cinco con novia pero nos hemos peleado". Es de un pueblo de Córdoba y lleva tres meses en Sevilla por trabajo. Desconocía la ordenanza y ve "un poco excesiva" la sanción. Pero se lo toma con filosofía. "Hombre está bien, me ha tocado a mí, pues me ha tocado". No es su primera vez. Ya había contratado estos servicios "alguna vez, antes de tener novia" pero "nunca me había pasado esto". Entre la multa y el corte, quizás sea la última.

Mientras los policías le identifican y le imponen la sanción -no es su día de suerte, pues ya lleva una multa por hablar por el móvil al volante-, Rosalinda (seudónimo), de 24 años y rumana, sale corriendo e indignada porque se le ha frustrado el único servicio de la noche. Habitual de Su Eminencia, lleva tres años en España y "sabía que venía para esto" pero no tenía trabajo. Aquí no ha intentado buscar otra cosa porque no tiene formación ni habla bien español, y sabe que "si no hay trabajo para los españoles, menos para los de fuera". Asegura que "la cosa está mal" y en una noche apenas saca 20 euros. Es lo que cobra por una felación (30 euros el "completo"). Su familia no sabe nada pero ella cree que "ya sospechan algo".

Junto a ella, Alina, de 26 años y también rumana, lleva cuatro años en España. Tras pasar un tiempo en Barcelona con una prima que también se prostituye, se trasladó a Sevilla. Está deseando que le salga "lo que sea" para dejarlo y reconoce que si su padre supiera a qué se dedica "venía y me cortaba el cuello".

No es casual que ambas sean rumanas. Los agentes explican que cada zona está especializada. En Su Eminencia, en una acera están las rumanas y enfrente las españolas, la mayoría toxicómanas. En Carretera Amarilla predominan las nigerianas, que normalmente vienen "engañadas" por redes que las "amenazan con vudú".

Enmanuelle es una de ellas. Tiene apenas 20 años y un hijo de 8, los mismos que lleva en España. No puede contener las lágrimas. "Antes trabajaba en la limpieza pero ahora no hay y tengo que pagar el piso y dar de comer a mi hijo", cuenta. "Estas historias son las que te dan pena, cómo tienen que estar en su país para venirse aquí a estar en la calle, donde están muy indefensas", admiten los agentes.

El tercer perfil es el de sudamericanas, que ejercen más en los clubes. "Todas cuentan lo mismo. Tenían novio en su país, se quedaron embarazadas muy jóvenes, las dejaron y vienen unos años dejando a su hijo allí para ganar un poco de dinero, volverse y montar una tienda de ropa", explica Sebas, que en sus 22 años de servicio ha visto una evolución. "Antes las prostitutas pasaban los 40 y no eran muy agraciadas, igual que los clientes, y hoy ves chicas jóvenes, espectaculares, y también clientes muy jóvenes". Con su compañero David recuerda a cuatro chicos a los que pararon por ir en dirección contraria y que venían expresamente de El Cuervo buscando a un transexual que "tenía fama" en Santo Domingo de la Calzada, uno de los focos donde la prostitución casi se ha erradicado tras la presión vecinal y que dominaba este colectivo, al que lo que más le molesta es que "les pidas el DNI porque aparece su nombre real".

La Barbie es una de ellas y apostada frente al Alcampo de Sevilla Este, lanza un mensaje claro:"A nosotras nadie nos da trabajo, es la única salida que nos queda y si no nos dejan no sé de qué vamos a comer. Si no, que me dé un trabajo el Ayuntamiento".

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