Deportes

La persigue y la consigue

La construcción de un velódromo en Manchester fue el espaldarazo para que los británicos se entusiasmasen con un deporte por el que jamás habían mostrado interés.

el 14 sep 2009 / 22:06 h.

La construcción de un velódromo en Manchester fue el espaldarazo para que los británicos se entusiasmasen con un deporte por el que jamás habían mostrado interés. Dos décadas después, el God save the Queen es una de las bandas sonoras de cualquier competición de ciclismo en pista.

El deporte olímpico británico tocó fondo en Atlanta 96, cuando los hijos de Albión sólo lograron volver a las Islas con una medalla de oro. En la capital de Georgia, el honor british fue salvado por Chris Boardman, un deportista criado en un pequeño velódromo que ni siquiera tenía las dimensiones reglamentarias. Ganó el oro en persecución, algo lógico en vista de que ya se había ilustrado disputándole el récord de la hora a Induráin y Rominger, los reyes de la bicicleta entonces. Era el primer campeón olímpico inglés de ciclismo en pista.

Al rebufo de Boardman surgió una interesante escuela de pistards británicos, todos formados en el velódromo de Manchester, construido en los primeros noventa. El más célebre fue el escocés Grame Obree, un autodidacta que pulverizó el récord de la hora aunque su marca no fue homologada porque su bicicleta, que él mismo había armado con piezas de una lavadora vieja, no se consideró reglamentaria.

Bradley Wiggins (28-4-1980) ya es un producto mucho más acabado de esa escuela. Cuando debutó, con sólo 20 años, en unos Juegos Olímpicos, ya lo hizo en el seno de una poderosa delegación británica, capaz de colgarse el bronce en la persecución por equipos. En 2003, año preolímpico, logró su primer título mundial de persecución individual por lo que llegó a Atenas consagrado. En la capital griega, Wiggins ganó tres medallas, una de cada color. Ganó la persecución individual, fue plata con el cuarteto británico en la misma prueba y quedó tercero en la Madison, formando pareja con Rob Hayles.

Este enorme éxito, sin embargo, no colmaba la ambición de un chico que había mamado el ciclismo en carretera. De hecho, Wiggins nació el Bélgica, donde su padre, Gary, desarrolló una digna carrera de rodador en los mejores equipos del país. Bradley se enroló muy joven en La Française des Jeux, un conjunto de UCI Pro Tour con el se ganó justa fama de especialista en contrarrelojes cortas, lo que ha valido contratos en otras formaciones de postín como Crédit Agricole y Cofidis, en cuyo seno disputó el último Tour.

Vuelta a la pista.

A medida que el nuevo reto olímpico se acercaba, sin embargo, Bradley Wiggins iba regresando a los velódromos, de los que se alejó tras su triple medalla en Atenas. A finales de 2007, volvió a enfundarse el maillot arco iris como campeón mundial de persecución, un preludio excepcional de lo que hará en Pekín. En el mismo Mundial, Gran Bretaña también conquistó el oro por equipos y ahora mismo no parece haber nadie capacitado para despojar a Wiggins de sus dos oros. Si acaso, otro rutero que se está pensando inscribirse en la persecución olímpica: el suizo Fabian Cancellara, que le arrebató la gloria en el prólogo del Tour.

El Comité Olímpico Británico, que cuenta con que Wiggins siga siendo un puntal de su equipo en Londres 2012, le ha sugerido que centre su temporada de 2008 en preparar los Juegos de Pekín. Por eso, y también porque el Cofidis está en el ojo del huracán del dopaje desde el positivo de Cristian Moreni, ha fichado por un modesto equipo británico, el Team High Road, que le va a permitir dosificar sus apariciones en carretera. El objetivo de Wiggins es repetir las tres medallas que logró en Atenas pero que esta vez sean todas doradas.

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