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La pizarra: Con una lipotimia eterna

Antonio Tapia manipuló en Soria un artefacto que, en fase de congelación, explotó para dinamitar su futuro y generar una inagotable nómina de daños colaterales. 

el 09 ene 2010 / 22:41 h.

Tapia formó tras el 2-0 con un 4-4-2. Dani, en punta.

El de Baena es incapaz de gestionar el potencial del grupo y, aunque su responsabilidad es directamente proporcional a la de sus discípulos, ha exhibido un manual impropio de un aspirante al ascenso a domicilio.

Dispuso un 4-2-3-1 que Arconada secó con escuadra, cartabón y Barkero, el prototipo ideal de mediocentro combativo y no exento de técnica para la selva de Segunda.

El dibujo inicial fue literalmente disecado por su homólogo y los marcajes mixtos de una línea defensiva, la del Numancia, que articuló su fútbol ocultando las virtudes de Sergio García y desnudando las carencias de unas bandas tan imprecisas como anárquicas.

El 2-0 generó un nuevo mapa, Tapia buscó alternativas, propició el debut de Dani y recompuso su boceto en un 4-4-2 sin variantes. El trianero escoltó a Pavone en ataque y Sergio García y Caffa figuraron en las bandas sin fortuna.

Tapia erró, pero su cuota de responsabilidad es relativa. Coberturas, permutas, desmarques de ruptura, pressing, achique de espacios o repliegue son conceptos ignorados en un plantel que navega partido a partido y que, en el Ruiz de Lopera, maquilla sus defectos por la calidad de sus elegidos.

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