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La Plaza de España que no vio la Macarena

La lluvia obligó hace 50 años a cambiar el lugar de la coronación al interior de la Catedral

el 18 jun 2013 / 09:36 h.

Imagen PLAZA DE ESPAÑA 1964El gran sueño de los macarenos se vio frustrado por la lluvia. Cuentan las crónicas de los diarios de la época que aquella madrugada del 31 de mayo de 1964 Sevilla no durmió entre la inquietud por el mal tiempo y la emoción de la coronación. Desde antes del amanecer millares de sevillanos y “forasteros”, allegados muchos de ellos en autobuses desde lugares como Cádiz, Huelva, Córdoba y Málaga, se habían lanzado a las calles arremolinándose en torno a la Catedral para acompañar a la Virgen de la Esperanza en su traslado procesional hasta la plaza de España, el escenario elegido para una coronación histórica que sería retransmitida a toda la nación por Televisión Española, y a la que asistirían el Jefe del Estado y su esposa y varios ministros. El traslado de la Virgen sobre su paso procesional hasta la plaza de España estaba previsto a las seis de la mañana por un itinerario aún hoy día fácilmente reconocible en el callejero: “Plaza Virgen de los Reyes, plaza del Triunfo, Mañara, plaza de la Contratación, San Gregorio, plaza de Calvo Sotelo, avenida de Roma, Palos de Moguer, Glorieta del Cid y avenida de Isabel la Católica”. El pontifical de coronación, planificado a cielo abierto, se celebraría a partir de las nueve de la mañana “en medio de ese milagro de ladrillos y azulejos de la Plaza de España, el mejor y más hermoso marco”, oficiando la ceremonia el cardenal arzobispo de Sevilla, José María Bueno Monreal. Como puede apreciarse en la histórica fotografía que ilustra este reportaje –cedida por el actual consiliario segundo de la corporación, Santiago Álvarez– el estrado para las autoridades y el altar que ocuparía el paso de la Esperanza Macarena se levantaron sobre la fuente de la Plaza de España (oculta bajo el entarimado), delante de los dos puentes centrales del monumento y sin otro telón de fondo que el de la arquitectura que ofrecía el edificio central del armonioso conjunto regionalista. Una vez finalizada la coronación, la Virgen sería trasladada “bajo las frondas del Parque de María Luisa” hasta la glorieta Isabel la Católica, donde le serían hechas las ofrendas de flores y donde permanecería hasta las siete de la tarde, hora en que daría comienzo la procesión oficial de retorno a su templo por un itinerario bien distinto, por cierto, al que ahora parece tomar peso en el seno de la hermandad con vistas a la procesión de regreso del próximo 31 de mayo de 2014. En lugar de discurrir por la Ronda, la Virgen haría una parada en el andén del Ayuntamiento para que el alcalde hiciera el ofrecimiento de la ciudad y se le canta la Salve solemne. Luego, el cardenal entregaría “la Virgen al pueblo de Sevilla para que la reintegre a su templo”. Sin embargo, la lluvia que desde la medianoche de ese domingo cayó sin piedad sobre Sevilla trastocó todos los planes. Ante los malos augurios meteorológicos, previa reunión con las autoridades y con el consentimeinto del cardenal José María Bueno Monreal y del Jefe del Estado, la junta de gobierno de la hermandad, encabezada por el hermano mayor, Ricardo Zubiría, decidía al filo de las nueve de la mañana cambiar el escenario de la coronación al interior de la Catedral y aplazarlo hasta las siete y media de esa tarde. Con todo el atrezzo de la coronación desplegado en la Plaza de España, el cambio de escenario obligó a la hermandad a embarcarse con celeridad en una inusitada mudanza. Los tapices de Patrimonio del Estado gestionados por el entonces ministro de Información y Turismo para embellecer la Plaza de España fueron trasladados a la Catedral, junto a otros objetos –alfombras, sillerías cedidas por el cardenal arzobispo y el capitán general y otros efectos– para tenner preparado el nuevo escenario a la hora prevista para el comienzo del pontifical de coronación. De todo este trajín participó Felipe Nieto, por entonces un chavalín de 10 añitos que ayudó a llevar “chismes” a la Catedral una vez conocida la suspensión del acto a cielo abierto: “Después de llegar a la Catedral, cargado como una mula por los Jardines de Murillo, la Policía no me dejó entrar porque no tenía carné de identidad”. La lluvia desvaneció el sueño. La coronación se celebró en la Catedral y así de radiante estaba la Plaza de España que no vio la Macarena.

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