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La plaza de todos los sevillanos

La apuesta municipal por recuperar los espacios monumentales de la ciudad ha tenido en la Plaza de España uno de sus máximos exponentes. El espacio que imaginara el arquitecto Aníbal González ha renacido para el disfrute de los sevillanos

el 17 mar 2011 / 19:08 h.

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La restauración de la Plaza de España ha permitido la recuperación de su ría

El Distrito Sur tiene la suerte de contar con uno de los espacios monumentales de mayor valor artístico en el conjunto de la ciudad. Se trata de la Plaza de España, un espacio imaginado por el arquitecto Aníbal González como uno de los iconos más representativos de la Exposición Universal de 1929. Su estado hace unos años presentaba una imagen deteriorada, presa de los actos vandálicos que frecuentemente venía sufriendo, y a los que desde las instituciones municipales se quiso poner freno a través de unas obras de restauración llamadas a recuperar el espacio tal y como se diseñó hace 80 años, como un espacio único con el Parque de María Luisa.

Era, más que un deseo, una obligación el que la Plaza de España recuperara todo el esplendor perdido. Renacieron, como si el propio Aníbal González las hubiera reconstruido, sus balaustradas, los azulejos trianeros que coloreaban la esplendidez del monumento y hasta la fuente ubicada en el centro de la plaza que se articuló como su principal referente. Dos años de trabajos en los que el espacio volvió a ser el lugar que siempre fue: un lugar abierto a todos los sevillanos convertido en una de las principales cartas de presentación de la ciudad.

Una de las recuperaciones más esperadas y, a la vez de mayor singularidad, fue la de su ría, por la que han vuelto a pasar las barcas de remos desaparecidas hacía un par de décadas. Así, la ría dejó de estar seca para volver a convertirse en el principal atractivo de la plaza, con un servicio de alquiler de barcas para el ocio de los sevillanos. Su puesta en valor no sólo destaca por su importancia turística sino que con ella se ha apostado también por un modelo de sostenibilidad presente en el resto de la ciudad. Junto a la plaza se ha construido una estación de tratamiento de aguas, dependiente de Emasesa, cuya labor pasa por la depuración del agua de la ría, reutilizándola para el riego del Parque de María Luisa así como para otras zo-nas del Casco Histórico de la ciudad. La apuesta sostenible de la ría se completó con la instalación de 900 metros de tuberías de saneamiento, 50 pozos y 66 imbornales, claves para el funcionamiento de este proceso.

Aunque la ría es el principal atractivo de la plaza, la recuperación de este espacio pasaba por rehabilitar los pequeños detalles artísticos que ofrecerían una imagen bella y clásica de su conjunto. Con este fin, se reconstruyeron los cuatro puentes que la cruzan -que simbolizan los cuatro antiguos reinos de España- y se recuperaron las farolas de cerámica, una veintena en total que decoran la balaustrada central de la plaza. En los trabajos también se procedió a la restauración de 22 bancos, detalles del pavimento que la enmarca y 270 metros de balaustrada de mármol. Una rehabilitación realizada a base de fotografías, postales y grabados de la hemeroteca municipal que sus responsables han utilizado para devolver a la Plaza de España su esencia más clásica, tal y como la concibió Aníbal González.

Nueve millones de euros fueron necesarios para costear unos trabajos que son algo más que una simple reconstrucción del monumento. De la mano de esta rehabilitación llegaron otra serie de mejoras al entorno de la Plaza de España que, en primer lugar, lograron convertirla en un espacio único anexo al Parque de María Luisa, según el diseño original de su arquitecto. El primer paso para la consolidación de esta unión fue la decisión municipal de peatonalizar la Avenida de Isabel la Católica, eje que dividía ambos espacios, y que hasta ahora estaba tomada por el aparcamiento descontrolado de los vehículos privados. La eliminación de la circulación en la zona permitió también acabar con la contaminación que sufría el parque y la propia Plaza de España y que estaba provocando efectos muy negativos.

Precisamente esta peatonalización de la Avenida Isabel la Católica, así como la anexión de la Plaza de España al parque, se culminarán con la instalación en la glorieta central de esta vía de un monumento dedicado a Aníbal González, con el que la ciudad pretende agradecer al arquitecto su trabajo a favor del nuevo modelo de edificaciones establecido a raíz de la Exposición Universal del 29. Se trata de una obra en la que la figura de Aníbal González mirará a la plaza -de hecho su autor la denominó El reencuentro-, constituyendo un mirador al que podrán acceder todos los ciudadanos para contemplar en su conjunto esta maravilla arquitectónica.

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