Local

La pólvora del rey

Andan renqueantes las ferias de nuestros pueblos porque la crisis está terminando con los esquilmados presupuestos de sus consistorios: hay poblaciones que se han unido en ferias comunes, otras han acortado días o actividades y algunas, simplemente, las han suprimido sin más ni más porque no está el horno para bollos...

el 16 sep 2009 / 08:08 h.

Andan renqueantes las ferias de nuestros pueblos porque la crisis está terminando con los esquilmados presupuestos de sus consistorios: hay poblaciones que se han unido en ferias comunes, otras han acortado días o actividades y algunas, simplemente, las han suprimido sin más ni más porque no está el horno para bollos. Llegados a este punto, pueden hacer dos cosas: o devanarse los sesos buscando partidas para volver a celebrarlas el año que viene, o reflexionar sobre lo que muchas (las de los pueblos-dormitorio) han sido hasta ahora: una supuesta tradición de pocos años, montada sobre una tradición ajena, la de Sevilla, y sin tirón para sus propios pobladores.

La Feria de Sevilla no fue siempre tradición; al contrario, cuando el Ayuntamiento la pidió a mediados del XIX fue una innovación. Y tan potente que cambió el devenir del año y también la industria y el comercio de la ciudad y de su entorno. La Feria de Abril fue creada con vocación de negocio, primero el del mercado agrícola y ganadero y, luego, el de la fiesta propiamente dicha que, sin dejar los sevillanos de divertirse, convertía todo aquello en tradición con imagen internacional.

Innovaciones similares se han llevado a cabo en muchos pueblos malagueños. Torrox, Cómpeta, Frigiliana, Guaro? fueron creando sus propias fiestas, con cánones particulares y en torno a algo propio. Insistiendo en ello durante no tantos años han logrado adquirir personalidad, ser atractivas, constituirse en rasgo singular. En ellas los desembolsos del erario municipal se ven compensados por las entradas monetarias de cientos y miles de personas que acuden. En algo así deberían pensar muchos ayuntamientos del entorno de Sevilla. La pólvora del rey -y nunca mejor dicho- con la que se encendían los castillos de fuegos artificiales se ha mojado.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

  • 1