Cultura

La prensa, con alzacuellos

La profesora de la Facultad de Comunicación Lorena Romero explica la época dorada del periodismo eclesiástico en 'La Buena Prensa'.

el 07 ene 2010 / 20:41 h.

Lorena Romero, autora de la investigación.

Nunca se ha destacado la Iglesia por su celeridad a la hora de adaptarse a nuevos tiempos, pero, pasito a paso, sí que ha sabido evolucionar con el devenir de la Historia, manteniéndose siempre como una institución importante en el marco social. Muestra de ello es la actitud crítica que adoptó con respecto al periodismo el Papa Pío IX (Italia, 1792-1878), quien, según la investigadora de la Facultad de Comunicación Lorena Romero, era "totalmente contrario a la prensa. Para él, era un mal, un instrumento del diablo. Había que condenarla, porque la estaban utilizando los liberales".

Esta posición defensiva que la Santa Sede mantenía sufrió un giro con la llegada del sustituto del famoso Pío Nono, León XIII (Italia, 1810-1903), que decidió aprovechar el nuevo medio de comunicación a favor de sus intereses: "La Iglesia estaba perdiendo fieles a costa de otras ideologías que sí publicaban en prensa como el laicismo, el liberalismo o el comunismo". Y, ante esto, "podían optar por dos caminos diferentes: mantenerse de cara a la realidad, o esperar a la llegada del fin del mundo", bromea Romero.


Con esto, a partir de la segunda mitad del XIX empiezan a surgir cabeceras hechas y financiadas desde las distintas diócesis y archidiócesis católicas por toda la geografía española. Primero, son publicaciones de tipo cultural, especialmente de corte literario; pero, después, pasan a ser informativas, aunque con la fuerte carga ideológica tan característica en esta etapa de la historia del periodismo. En este contexto nace la llamada Buena Prensa, nombre, por cierto, que se autoimpusieron sus responsables.


Sin embargo, no todas las publicaciones financiadas por la Iglesia entraban dentro de este grupo. Así, según la autora de la investigación, "la Buena Prensa la conforman las publicaciones auspiciadas con el respaldo de la Santa Sede y que siguen sus indicaciones". Es más, estos medios contaban con un censor eclesiástico que se encargaba de que todos lo contenidos encajaran con la doctrina de Roma. Aparte, también se publicaban periódicos cristianos "integristas" que mantenían "una postura mucho menos adaptada a su contexto histórico –la Restauración– que la del papado".


Las cabeceras católicas nunca llegaron a ser un negocio rentable. De hecho, la mayoría de las publicaciones tenían una vida muy corta: "Algunos periódicos no llegan a los 100 números. La duración dependía de la capacidad de financiación que tuviera la autoridad eclesiástica correspondiente", comenta la profesora Lorena Romero.


Tan escaso fue el rendimiento económico de esta prensa católica que, de tantas y tantas iniciativas como hubo, el único diario que fue capaz de vivir sin las subvenciones de su diócesis correspondiente fue El Debate, que era de difusión nacional.

A pesar de ello, el único que se ha mantenido en el tiempo es El Correo de Andalucía, que recientemente ha cumplido 110 años. Su fundador, el cardenal Marcelo Spínola, se caracterizaba, según enfoca la profesora Romero, por "tratar de abrir horizontes y de transmitir nuevas ideas. En comparación con el resto de la Buena Prensa, "El Correo era un medio más abierto, porque se ha adaptado siempre a los tiempos que ha vivido". Aun así, "Spínola se vio en la obligación de pagar de su bolsillo la imprenta en más de una ocasión".

Por otra parte, el cardenal fue el promotor de la Asociación de la Buena Prensa, que reunió en Sevilla a los responsables de estas publicaciones católicas que tenían el visto bueno del Papa en 1904. En ese congreso se debatieron los problemas con los que se encontraban a la hora de hacer un producto que, además de adoctrinar, fuera rentable económicamente, pero, dice Romero, "no consiguieron subsanarlos. Posteriormente, habría un segundo congreso con el mismo resultado".

Que La Buena Prensa se restrinja a la Restauración no significa que la Iglesia abandonara su ímpetu comunicativo, porque, al fin y al cabo, analiza Lorena Romero, "es como cualquier otra empresa informativa, busca adoctrinar en sus ideas".

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