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La prensa entre roces y cariños

María del Mar y Marisa Carranza, hermanas de sangre y quiosqueras de profesión, acumulan dos décadas de historias entre prensa y revistas.

el 17 mar 2014 / 22:30 h.

Entre las historias que a diario cuentan los periódicos en los quioscos pasan muchas otras cosas. Son tantas horas y tantos días de dedicación casi exclusiva a esta profesión que quienes tienen la fortuna de desempeñarla acaban forjando una vida llena de experiencias, anécdotas y relaciones personales que en ocasiones traspasan la barrera del mostrador del punto de venta. Entre la tinta y el papel nacen afectos, bajo la excusa del couché de una revista se cuentan historias de vida... creando una relación cercana entre el quiosquero y su cliente. Pero hay veces, como en este caso, que es el propio quiosco el que une a dos miembros de una misma familia que se juntan para sacarlo adelante. Dos hermanas, María del Mar y Marisa Carranza, que llevan más de dos décadas compartiendo el privilegio de ser quiosqueras en la urbanización Parque Cuatro Torres, en el barrio de Sevilla Este. quiosquero-seste-vPocos meses después de la Exposición Universal del año 1992, estas dos hermanas sevillanas –el 50% de la familia Carranza Ramírez, pues en total son cuatro mujeres en la casa– se aventuraron en un negocio que, como reconoce la propia María del Mar, “nos cambió la vida por completo”. Por aquellos años, ella se dedicaba a algo de suma importancia, era estudiante de Administración. Sin que acabara por orientarse su vida laboral en este sector, le surgió la oportunidad de seguir adelante con este quiosco, ubicado en una de las zonas de la ciudad en proceso de expansión. Y es que hace dos décadas, Sevilla Este era un barrio que estaba empezando a descubrirse a sí mismo, a llenarse de jóvenes que iniciaban una nueva vida y a poblarse, sobre todo a esto último. “Era una zona donde no había nada parecido”, explica nuestra quiosquera, que asegura que “es un barrio muy tranquilo, con una clientela buena y un ambiente entre vecinos que acaba por convertirlo en un lugar muy recomendable para vivir”. Lo tiene así de claro, a pesar de que no vive –mejor dicho, no duerme, que es lo único que le resta– en Sevilla Este. Cada día a eso de las siete de la mañana llega puntual hasta su punto de venta. No lo hace sola, pues siempre va en compañía de su hermana Marisa, la otra pieza clave en el día a día de este quiosco. Como en otros muchos puntos de la ciudad, María del Mar cuenta la prensa, la clasifica en la bandeja delantera y comienza a venderla entre los clientes que esperan que abra el negocio. Esa es su tarea. La de su hermana Marisa no es menos importante. Mientras nuestra quiosquera atiende a sus primeros vecinos –casi siempre los que entran a trabajar a horas tempranas– su hermana se carga con la prensa y comienza a repartir por los negocios de la zona. “Me lo paso bomba”, reconoce Marisa. Luego, pasa por el banco, hace las diligencias, y regresa hasta el quiosco con los deberes hechos. Con la tarea y con un paseíto mañanero a cuestas, que no cambia por nada en el mundo. “Tras 21 años tengo muy buenas amistades aquí. Mejor que en mi casa, vamos”, bromea Marisa mientras recuerda estos instantes únicos de cada mañana. Entre anécdota y anécdota de su hermana, María del Mar no deja de poner en orden las piezas que dan vida a su quiosco. Muestra especial atención a la revistas, el gran quebradero de cabeza de todo quiosquero. “Hay que estar muy pendiente. Mirar el día que caducan, cambiarlas de orden según van llegando y, sobre todo, dejarlas siempre en el mismo sitio, porque tengo clientas que llegan y ya saben dónde tienen que ir a buscarlas”, recuerda. Así es el mundo de las revistas, pero también el de la prensa, las chucherías, los caramelos... todo lo que tiene cabida dentro de un quiosco. Y es que cualquier cosa es buena si se trata de atraer a los clientes en una época “tan difícil” como la que les ha tocado vivir a estas dos hermanas al frente de su negocio de prensa. Clientes como Manoli y Pablo, dos vecinos de la zona que pasan a diario por su quiosco. “Cada domingo le compro la prensa y el resto de días chicles y chucherías para mis nietas”, explica Pablo. Junto a su mujer Manoli llegó hace ya varios años a vivir al barrio de Sevilla Este, un lugar del que tienen claro que no se marcharán por todo lo que les regala cada día. “Es un barrio muy tranquilo, que no está a mucha distancia del centro. Una zona amplia donde se respira muy bien y nos despiertan cada mañana los cantos de los pajaritos”, narra Manoli. Con ella, nuestra quiosquera guarda una relación muy especial, como con muchos otros vecinos. “Hemos conocido clientes que han casado a sus hijos, que ahora tienen nietos. También algún fallecimiento, por desgracia. Pero con todos hemos creado una bonita amistad”, recuerda María del Mar. Tanto es así que hasta han sido invitadas a alguna que otra boda del vecindario a la que no dudaron en acudir. Más de veinte años después de que, como reconocía nuestra quiosquera, le “cambiara la vida”, estas dos hermanas dudan cuando se les pregunta si volverían a elegir esta profesión para su día a día. “Me lo pensaría”, advierte Marisa. “Yo no volvería a cogerlo”, replica María del Mar. Pero a pesar de tanto sacrificio –muchas horas y muchos días de dedicación plena– mirando atrás en su vida comprueban que sí les ha merecido la pena, aunque sólo sea por tantas buenas personas como han conocido en estas dos décadas. Con todo, el mejor regalo para María del Mar, a pesar de los roces y pequeñas discusiones, es sin duda compartir cada mañana con Marisa, su hermana y compañera en esta aventura de la prensa diaria.

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