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La presidenta es la más joven

Díaz descarta fichar a consejeros de su generación y opta por veteranos que le permiten amarrar la paz interna en el PSOE.

el 10 sep 2013 / 00:09 h.

Griñán comenta con Susana Díaz en la presentación del nuevo gobierno andaluz. / EFE Griñán comenta con Susana Díaz en la presentación del nuevo gobierno andaluz. / EFE Susana Díaz, con 38 años, será la más joven de un Gobierno en el que si alguien esperaba un cambio generacional profundo se habrá llevado una decepción. La media de edad del nuevo Ejecutivo andaluz es muy similar a la del Gobierno saliente. Los socialistas defienden que es un Ejecutivo “intergeneracional”, aunque hay muchos más consejeros pasados de los 50 que a punto de llegar a los 40. Díaz ha desechado la posibilidad de inundar el Gobierno de compañeros socialistas de su quinta política y ha optado por perfiles más veteranos, con experiencia política, sobre todo en lo municipal. Son nombres que ha elegido ella pero en los que ha vuelto a escuchar, como no hacía su antecesor, José Antonio Griñán, a los secretarios provinciales del PSOE andaluz. Durante años, Manuel Chaves aplicó esa regla no escrita y compuso sus gobierno atendiendo a equilibrios políticos y territoriales, lo que le permitió mantener la paz interna. Díaz, mujer de aparato, ha vuelto en parte a tener en cuenta esta premisa. Solo el PSOE de Almería no ha logrado situar a ningún consejero. Tampoco el PSOE de Huelva, que no obstante tiene una buena cuota de poder con el onubense Mario Jiménez como vicesecretario general del PSOE andaluz. Ayer el número dos de los socialistas negó rotundamente que se hayan tenido en cuenta las cuotas y los equilibrios internos del partido a la hora de componer el Ejecutivo. “Para nada, esto no se ha planteado para cuestiones internas sino pensando en el interés general”, sostuvo firme. Sin embargo, Díaz mantuvo una ronda telefónica con los secretarios provinciales antes de componer su particular rompecabezas y cada uno de los líderes socialistas ofreció una terna de nombres que, por supuesto, tuvo en cuenta. Los socialistas de Jaén cumplen su reivindicación histórica de ocupar la Consejería de Agricultura y además han logrado que salga del Gobierno Mar Moreno, que no es afín a la actual dirección del PSOE de Jaén. Hay que recordar que el giro de los socialistas jiennenses fue clave en las primarias que designaron a Díaz candidata a la presidencia de la Junta. Solo en esa provincia se mantenían vivos los críticos con el aparato regional. Su apoyo a Díaz en el proceso de primarias apagó cualquier posibilidad de que hubiera un movimiento crítico serio y real frente a la dirección regional. Después de este gesto, se ha especulado mucho sobre el precio que iba a pagar Díaz por ese apoyo. Hasta el último minuto incluso se barajó la posibilidad de que Micaela Navarro fuera resarcida y aupada a la presidencia del Parlamento andaluz. Finalmente no habrá cambios en la Cámara, aclaró el número dos del PSOE-A. Y el relevo en la portavocia del grupo socialista o en la presidencia “ni siquiera se han barajado”, aseguró Jiménez. Sí habrá movimientos entre los senadores que el grupo socialista designa en su cupo parlamentario. Salen Francisco Álvarez de la Chica, Juan Espadas y Antonia Moro. Todos confirmaron ayer su renuncia. El PSOE-A enviará a la Cámara Alta a José Antonio Griñán, Mar Moreno y Mario Jiménez. Griñán, que es diputado autonómico y estaría aforado ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en el caso de una imputación en el caso de los ERE, queda así aforado ante el Tribunal Supremo como senador. Para Moreno es una forma de resarcirla por su salida. Y para Jiménez, quienes muchos –incluido Griñán– postulan para el PSOE federal, es una forma de tener voz en Madrid. La otra clave interna está en el PSOE de Cádiz y en el nombramiento de Manuel Jiménez Barrios como consejero de la Presidencia. La provincia gaditana fue la otra insurgente frente al poder de José Antonio Griñán. Si la vieja guardia de Manuel Chaves era muy potente en Jaén con Gaspar Zarrías como hombre fuerte, lo mismo ocurría en Cádiz pero con Luis Pizarro como político clave. Sin embargo, Díaz –desde la secretaría de Organización del PSOE-A– logró, poco a poco, ganarle terreno a esa corriente y culminar la renovación del partido con un congreso en el que los griñanistas ganaron el pulso, contra pronóstico a los pizarristas. De que hoy sea Irene García secretaria provincial del PSOE de Cádiz tiene mucha responsabilidad quien será el nuevo peso pesado del Gobierno andaluz, Jiménez Barrios. El exalcalde de Chiclana acató además la directriz de dejar paso a los jóvenes y asumió la segunda final, descartándose para tomar el mando del partido. Hoy es presidente del PSOE de Cádiz. En él recaerá la tarea de coordinación con los socios de IU. A Díaz no le ha temblado el pulso para cortar de raíz cualquier posibilidad de que su Ejecutivo se vea salpicado por el caso de los ERE. Ha despedido a dos de los consejeros del círculo directo de Griñán, a quienes llamaban los tecnócratas –Carmen Martínez Aguayo y Antonio Ávila– y que, junto a su jefe, han asumido –merecidamente o no– la responsabilidad política por los escándalos de corrupción. Con el reforzamiento de Luciano Alonso en el organigrama del Gobierno y con la incorporación de José Sánchez Maldonado en Economía, el PSOE de Málaga, clave en la unidad socialista, también gana. Ahora queda el congreso regional que será tras el otoño y en el que Griñán deberá entregar el PSOE andaluz a Díaz para evitar, como él mismo pidió en su momento, bicefalias.

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