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La presión policial mina los ánimos de ETA y su entorno

Los terroristas están pasando por uno de los peores momentos de su historia: se acumulan las detenciones y sus ‘fieles’ piden dejar las armas.

el 30 nov 2009 / 20:37 h.

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La banda terrorista ETA ya ha cumplido sus bodas de oro, se fundó en julio de 1959, y aparentemente nunca ha estado tan acorralada como lo está ahora. En los últimos meses las Fuerzas de Seguridad del Estado están atacando directamente a la línea de flotación de la banda y de su entorno.

El último golpe se produjo la semana pasada con la detención de 35 presuntos miembros de Segi y el posterior ingreso en prisión de 31 de ellos, lo que constituyó un duro varapalo para su financiación y estructura logística.

Un revés que supuestamente repercutirá directamente en ETA, puesto que de estos chicos, según el Ministerio del Interior, son de los que se nutre la banda. Estos jóvenes, según el Gobierno, pretendían reforzar su estructura, aumentando las captaciones de nuevos militantes, a los que se pretendía formar para seguir las directrices de ETA. Entre sus objetivos se incluía potenciar la lucha callejera, el Tren de Alta Velocidad vasco, el modelo educativo, la especulación inmobiliaria y la construcción del Estado vasco. Este mismo ideario se encontró en documentación intervenida a Ekaintz Sirvent Auzmendi, el supuesto jefe de falsificación de ETA, que fue detenido en París en el mes de abril.

Además, según estos documentos, ETA había alertado a sus militantes de que están "tan separados del pueblo que la distancia se está haciendo insostenible. Hemos encendido las alarmas al notar que esta distancia incluso con nuestra propia base, aumentada con el cerco mediático y represivo podría hacernos mucho daño en el corto plazo". Así consta en el auto del juez de la Audiencia Nacional Fernando-Grande Marlaska, en el que justifica el envío a prisión de los 31 presuntos miembros de Segi.

El daño de esta última acción de las Fuerza de Seguridad, sin duda, ha sido grande, aunque no salió como se esperaba puesto que algunos presuntos miembros de Segi, que llevan tiempo integrados en la banda, lograron huir al tener conocimiento de la redada por un aviso lanzado en el diario Gara, donde se alertaba de que se iba a producir de manera inminente esta operación.

A pesar de este contratiempo para la Policía, sus últimas actuaciones están dando sus frutos. Sólo en el mes de octubre se han detenido en Francia a cinco etarras, entre ellos Aitor Elizarán, con el que el Gobierno dio por desarticulada la nueva cúpula de la banda armada. A estos apresamientos se unen, también en octubre, el de cinco históricos dirigentes abertzales: Arnaldo Otegi, el ex secretario general de LAB Rafa Díez Usabiaga, la ex tesorera del PCTV Sonia Jacinto, Miren Zabaleta -hija del líder de Aralar Patxi Zabaleta-, y el ex responsable de Haika en Álava Arkaitz Rodríguez, todos ellos acusados por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón de querer reconstruir la nueva mesa de Batasuna bajo las órdenes de ETA.

Pero no sólo estas detenciones a lo más destacado de la banda y de la izquierda abertzale están asfixiando a los radicales. Este mismo mes el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) avaló definitivamente la ilegalización de HB-EH Batasuna decretada por la Justicia española en 2003 al rechazar la petición de la formación abertzale de que el caso volviera a ser examinado. El TEDH adopta esta postura por una razón muy simple: Batasuna no condena la violencia.


Vía política. Quizás por todo este cúmulo de contratiempos en ETA y su entorno más próximo se están empezando a mover fichas. Son ya muchas las voces que hablan de iniciar una vía política y de abandonar las armas, después de haber matado en estos 50 años a cerca de 900 personas. Los últimos en animar a que se siga este camino han sido los ex militantes de ETA Joseba Urrosolo Sistiaga y Carmen Gisasola, encarcelados en la prisión zaragozana de Zuera, desde donde han indicado que el "primer paso" que debe plantear la izquierda abertzale es "el fin de la lucha armada, que es la llave que hay que girar para abrir una nueva etapa". Además, acusan a la actual cúpula de ETA de sectaria e inexperta.

Pero estos dos históricos no son los únicos que están lanzado mensajes de que hay que cambiar de táctica. Otegi y los otros cuatro dirigentes abertzales detenidos junto a él, en la carta Una foto y un futuro también apuestan por "una nueva fase dentro del proceso nacional".

A estas posturas se suma la iniciativa Gakoa, promovida también por militantes veteranos, donde se aboga por el abandono de las armas, ante la posibilidad de que ETA pueda ser derrocada por la vía policial.

Y por si fuera poco, a estas voces críticas con el núcleo duro de la banda, también en este mes de noviembre en Venecia y Alsasua se presentaron propuestas a favor de dejar la lucha armada. Entre las personas que lideran el documento de Alsasua se encuentra el histórico Tasio Erkizia, que solicita la apertura de un "proceso de negociación" entre el Gobierno y ETA en un contexto de ausencia "total de violencia".

En medio de esta revolución en el entorno de ETA, un estudio de la Fundación Alternativas -próxima al PSOE- augura que el problema del terrorismo etarra será residual en España en el plazo de 10 años.

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