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La promesa de Loli lleva el barrio de Tablada al Rocío

Una vecina difunde la devoción por la Blanca Paloma en el acuartelamiento sevillano tras sanar su marido. “Sólo quería dar a conocer a la Virgen”, dice Loli Molina, promotora de la nueva filial Castrense.

el 18 may 2013 / 23:13 h.

Hermandadcastrense1 Loli Molina nunca pensó que su promesa llegaría tan lejos. Y mucho menos que terminaría cuajando en una hermandad filial en el acuartelamiento de Tablada. “Sólo quería dar a conocer la devoción por la Virgen del Rocío. Nada más”, explica esta esposa de militar que de unos años acá se ha convertido en toda una rociera de los pies a la cabeza. Su historia es la historia de la hermandad Castrense. Ella es la responsable de que ayer se presentara esta nueva filial ante la Blanca Paloma en compañía del Cerro del Águila, su madrina. Todo empezó por una promesa que le hizo a la Virgen cuando en 1981 su marido estuvo muy grave al sufrir un infarto: “Los médicos no le daban más de 48 horas. Entonces me hicieron llegar una placa de la Virgen del Rocío que encontraron unos niños en un charco del barrio”. Loli se aferró a aquella imagen, a la que prometió dar a conocer si su marido salía adelante. Y, “milagro”, salió adelante. Desde entonces no cesó en su empeño en difundir la devoción marismeña. Primero, entre las mujeres del barrio y, luego, al resto de vecinos. “Les explicaba mi experciencia personal. He llegado a hacer de todo. Hasta diseñé la primera medalla que tuvo la hermandad, y que reproduce el escudo de la Aviación en su parte inferior”. Por esa misma fecha -hablamos ya de 1992-, se financió entre todas las mujeres de Tablada una Virgen de cerámica que se puede adquirir en la tienda de recuerdos que hay junto al santuario. Fue la primera imagen a la que dio culto la hermandad del  Rocío Castrense. “Hasta la fecha, solíamos venir dos veces al año al Rocío y en mayo nos acercábamos a entregar sendos ramos de flores a las hermandades del Cerro del Águila y Sevilla Sur cuando éstas partían a la aldea”, apunta Loli. Pero la cosa no quedó ahí. Poco a poco fue surgiendo la idea de hacer una hermandad, que, en un futuro, incluso pudiera pisar las arenas al llegar Pentecostés. El bordador Francisco Carrera Iglesias realizó en 2006 el estandarte con los escudos militares y dos aviones en las esquinas, una pieza también tiene orfebrería de los Hermanos Delgado e imaginería de Juan Manuel Miñarro. Primero con Triana, luego con el Cerro, los romeros castrenses fueron amoldando los botos a la senda. Así, paso a paso, camino a camino, y ahora ya con la bendición de Almonte -al ser la filial 112-, Loli y otros tantos hermanos del barrio de Tablada fueron aprendiendo a querer a la Virgen del Rocío y a curtirse en más de una romería. “Hemos tenido que aprenderlo todo. Cuando teníamos cualquier problema, íbamos a Triana  [“la primera madrina”, como la llaman] a preguntar lo que sea. Así, antes me vestía de flamenca para la Feria de Abril. Ahora lo hago para El Rocío. Esta semana para mí no me la quita nadie”, reconoce esta hermana fundadora. Pero tanto esfuerzo parece haber dado sus frutos al experimentar el gozo del primer camino, que han hecho desde Almonte. “Es una cosa tan grande que no se puede expresar con palabras. Ha sido mucha emoción, siempre agarrada a la barra de promesa de la carreta... bueno, cuando se podía, porque los bueyes a veces cogían una velocidad...”, bromea Loli repasando lo vivido con otros hermanos. Su cargo como diputada de cultos de la Castrense le ha permitido vivirlo todo en primera persona, involuncrándose en todo. Tanto que cuando entraron a la aldea por el Arco Mariano, ella fue la encargada de dar los primeros vivas al pisar los blanco arenales de la aldea. “Ha sido mucha la satisfacción y también muchos los recuerdos de los que no están”. En su mente y en la de todos, están los que marcharon hace un tiempo. “La Virgen me permitió disfrutar de mi marido 19 años más. Tengo que darle gracias”, señala con el rostro empañado al recordar la ausencia de su esposo  después de aquel “bendito milagro” por el que hace 32 años se gestó la actual hermandad. “El Ejército se ha hecho peregrino por la bendita promesa de Loli”, concluye el hermano mayor, Manuel Francisco Matito, que agradece a los casi cien romeros el esfuerzo que han hecho en este año de bautizo marismeño.

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