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La prudencia necesaria en el caso de Marta

La sucesión de acontecimientos informativos ligados a la investigación del asesinato de Marta del Castillo ha generado tal cúmulo de datos, declaraciones y versiones contradictorias sobre lo ocurrido el sábado 24 de enero en el piso de Miguel de León XIII que han terminado...

el 15 sep 2009 / 22:45 h.

La sucesión de acontecimientos informativos ligados a la investigación del asesinato de Marta del Castillo ha generado tal cúmulo de datos, declaraciones y versiones contradictorias sobre lo ocurrido el sábado 24 de enero en el piso de Miguel de León XIII que han terminado por crear el caldo de cultivo idóneo para que se puedan exaltar los ánimos ciudadanos. La expresión más palmaria se vivió ayer en los juzgados del Prado de San Sebastián, donde cientos de personas recibieron entre insultos y gritos a los dos principales implicados en el crimen, cuya actitud tan fría y cínica ha agigantado su dimensión de personas terriblemente crueles. La indignación ciudadana es perfectamente comprensible, pero del mismo modo que se entiende esta rabia hay que pedir un mínimo de prudencia a todos. La Policía Nacional está trabajando en la resolución del caso en medio de una presión social extraordinaria y ahora el caso empieza a pasar a manos de los jueces tras la puesta a disposición judicial de los autores y cómplices de los hechos. Tienen que ser ellos, Policía y Judicatura, quienes practiquen las diligencias necesarias para el esclarecimiento del crimen. Los demás, incluidos los medios de comunicación, debemos actuar con la prudencia requerida en estos casos y nos dejarnos llevar -como así puede ocurrir- por la voracidad informativa de un acontecimiento de tanto impacto mediático. Como decíamos ayer, y desde el mayor respeto a una familia que lo único que reclama es justicia para quienes han matado a su hija, ahora es tiempo de investigar y aclarar el crimen y no de reclamar de modo exaltado un endurecimiento de las penas o una especie de linchamiento social. Nuestro Estado de Derecho es garantista, y esa protección incluye incluso a quienes tanto nos pueden repugnar y que ya recibirán un castigo ejemplar por su vil actuación. No habrá por tanto que lincharlos. Bastará con aplicarles el Código Penal, que para eso está.

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