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La realidad y la ficción

Los jurados y comités que deciden qué tendencias son válidas no se cansan de decir que hay una gran desconexión entre los artistas y los teóricos. Mayormente es cierto, incluso muchos de ésos que opinan con impostada superioridad, aún siendo juez y parte...

el 15 sep 2009 / 02:09 h.

Los jurados y comités que deciden qué tendencias son válidas no se cansan de decir que hay una gran desconexión entre los artistas y los teóricos. Mayormente es cierto, incluso muchos de ésos que opinan con impostada superioridad, aún siendo juez y parte, están desfasados y al margen de lo que realmente sucede. Porque en el arte ocurre como con la tecnología, o te pones concienzudamente al día, o te quedas atrás. Para conocer y hablar con propiedad, hay que leer a los demás (no sólo a uno mismo), oír a los que saben, ver mucho (no sólo en tu ciudad), viajar todo lo posible y compartir muchas horas con los verdaderos protagonistas.

Una vez le presenté a un profesor de la facultad un trabajo corregido y supervisado por un artista amigo mío al que conozco bien, pintor que quedó gratamente satisfecho con el pequeño estudio que le dediqué. Pues aún sabiéndolo, el sapientísimo doctor me puso notable. Pensará él -que por cierto, el día que habló en clase del susodicho expuso una obra del año de la polca y la explicación que dio fue más bien peregrina-, que sabe más que el propio creador de lo que ha hecho o hace. Considerará, arrellanado en su despacho alejado del mundanal ruido, que su criterio es un baremo infalible por encima del de los mortales. Cuidado con el presente y con la realidad, porque, condicionados por el exceso de distancia, los teóricos de lo coetáneo pueden olvidar su objeto de estudio y perderse en enredosas diatribas intelectualoides que, además de ser alevosamente falsas, no llevan a ningún sitio.

Hay que practicar la humildad y tener los pies en la tierra, porque si algunos historiadores del arte contemporáneo no bajan de su torre de marfil, si no se dan cuenta que no estudian estratos arqueológicos sino a personas vivas, puede pasar que acaben discutiendo con los propios creadores sobre qué hacen o dejan de hacer. Un error imperdonable que no sirve para nada y que las más de las veces termina en un páramo desabrigado de justificaciones especulativas.

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