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"La responsabilidad social no está muerta, pero sí muy tocada"

Los ponentes admiten que la crisis ha hecho mella en los recursos que destinan las empresas pero advierten de que la solidaridad es hoy "más necesaria que nunca"

el 20 feb 2013 / 20:35 h.

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¿Sobrevivirá la responsabilidad social corporativa a la crisis, a los recortes? Sí, pero con dificultades. En eso coincidieron ayer la mayoría de los ponentes invitados al encuentro organizado por este periódico en la Fundación Valentín de Madariaga. La brutal crisis económica ha afectado de lleno a los recursos que las empresas destinan para proyectos de solidaridad y desarrollo, pero, precisamente por la difícil coyuntura, la responsabilidad social es hoy una "necesidad acuciante". "Nunca ha sido más difícil ser solidario, pero nunca antes había sido más necesario", apuntó Miguel Rodríguez-Piñero, catedrático de Derecho al Trabajo de la Universidad de Sevilla. Otras voces fueron más críticas con el papel que ha jugado la responsabilidad social empresarial durante los últimos años. "Cada vez hay más gente que no cree en ella", advirtió Javier Calvo, profesor de Derecho al Trabajo también en la Hispalense. "No está muerta, pero ha salido tremendamente tocada de la crisis", añadió Luis Felipe Campuzano, de la Fundación Empleo y Sociedad. El debate está servido.


A pesar de la "desafectación" de la sociedad con la responsabilidad social corporativa, ésta no desaparecerá, a menos que se limite a una operación de "marketing", aseguró Javier Calvo. El resto de los conferenciantes coincidieron en augurar larga vida a esta práctica empresarial siempre y cuando esté bien orientada y sea sostenible. La "principal responsabilidad social corporativa es la generación de empleo y riqueza que perduren en el tiempo", advirtió Juan Román Gallego, gerente de la Fundación Cobre Las Cruces. A su juicio, las administraciones públicas deben "facilitar" el trabajo a las empresas y fundaciones y avisó de que se corre el "riesgo" de que los distintos gobiernos pretendan que las empresas privadas asuman problemas como el paro. "Quien tiene que liderar la salida de la crisis es el gobierno, los gobiernos", afirmó.


Algo parecido advirtió Félix Quijada, vicepresidente y jefe de comunicación de Cáritas. "No podemos arreglar la pobreza, eso es responsabilidad de las administraciones", sentenció. Recordó que un día llamó a la puerta de una administración y el político de turno le preguntó qué podía hacer por él. "Yo le corregí y le dije ¿querrá decir qué puedo hacer yo por usted?". En la mesa sobre solidaridad social, el representante de Cáritas, ese "instrumento privilegiado que tiene la Iglesia para practicar la caridad", alertó de que la crisis ha disparado las peticiones de auxilio social. En Sevilla han atendido 80.000 demandas familiares. Cuentan con 2.000 voluntarios y 75 trabajadores pero no pueden abarcarlo todo. Juan Romero Laffitte, director de comunicación del Banco de Alimentos de Sevilla, también elevó la voz de alarma. "La necesidad es hoy acuciante", dijo. Puso el foco en los parados, las personas mayores con pocos recursos, los inmigrantes, indigentes, niños y adolescentes, los colectivos más vulnerables a la pobreza. Su organización, creada en 1995 al amparo de la red nacional, recoge alimentos, verifica su calidad, los almacena y distribuye a centros asistenciales, nunca a personas individuales. Los donantes y voluntarios, como en el caso de Cáritas, son aquí fundamentales.


Los ponentes aseguraron que la recesión económica ha derivado en una crisis de valores contra la que hay que luchar. Una receta es, según Juan Román Gallego, avanzar en transparencia y credibilidad. Admitió que la responsabilidad social corporativa se ha enfrentado muchas veces al estigma de que sirve para "lavar la cara y la imagen de las empresas o para comprar voluntades". "Eso es absurdo", señaló. Explicó que la responsabilidad social no es algo altruista sino que debe ir vinculada al negocio para que sea rentable y aporte valor. A eso se dedica también el Grupo Azvi, a desarrollar proyectos propios con un "compromiso con los valores éticos y la transparencia", sostuvo Pilar Kraan, gerente de su Fundación.


Los más críticos con el papel social de las empresas fueron Javier Calvo y, en otra mesa redonda, Luis Felipe Campuzano. El primero alertó de que vivimos un momento de "encrucijada" porque, a día de hoy, "aún no se sabe muy bien qué es la responsabilidad social corporativa", un concepto que nació en "tiempos de bonanza" y que ahora, en plena crisis, no se sabe si "sobrevivirá" a los recortes. A su juicio, las empresas han cometido un error, esto es, querer que la responsabilidad social se erija en "autorregulación" y que las empresas escapen así a la vigilancia de los poderes públicos. "No creo que el concepto haya fracasado, pero sí las políticas neoliberales". El profesor universitario apostó por volver al "control público sobre la actividad económica" porque "si hubiera habido más controles, no estaríamos aquí", reflexionó.


Por su parte, el director de la Fundación Empleo y Sociedad recordó que el boom de la responsabilidad social empresarial fue "exagerado". "Se puso de moda". Las grandes firmas crearon departamentos específicos y destinaron muchos recursos a una operación "no de marketing, sino de reputación". Las empresas "pensaban que vendría una ola de consumo responsable y que ellas se verían beneficiadas", explicó. "La cosa pintaba muy bien, pero llegó septiembre de 2008, la caída de Lehman Brothers y todo se desmoronó". Desde entonces el paro no ha dejado de crecer, por eso se preguntó "¿dónde ha estado la responsabilidad social corporativa todo este tiempo?". A su juicio, "ha fracasado estrepitosamente y no ha dado la talla". Campuzano, que se confesó "defraudado", insistió en que esa idea "no está muerta, pero sí tocada". No obstante, en su alegato final quiso salvar a empresas y entidades como Mercadona, BBVA, Cobre Las Cruces o Andex y sus proyectos "útiles" para la sociedad. "Ellos sí han dado la talla", concluyó.

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