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La respuesta al ‘salto’ del conde

Cuatro andaluces cuentan cómo decidieron montar su propia empresa rompiendo la imagen más tópica de la región.

el 17 dic 2011 / 21:38 h.

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Realidades hay tantas en Andalucía como ciudadanos. Por eso no vale generalizar, por eso no es lícito meter a todos los jóvenes andaluces -que sufren una insostenible tasa de paro superior al 40%- en el saco de los que no tienen "ánimo de progresar", como tampoco lo es aseverar sin ningún tipo de reparo que la comunidad andaluza destaca por su particular mentalidad sobre el trabajo y los subsidios o que hay garbanzos negros pero que éstos solo se pueden encontrar en Andalucía. En ningún otro lugar de España.

Y, aunque Cayetano Martínez de Irujo, hijo de la Duquesa de Alba, ya se encargó de enviar el viernes una nota de disculpa ante el revuelo provocado por sus palabras en la entrevista concedida al programa Salvados, sirvan estas cuatro historias de jóvenes andaluces para mostrar la otra realidad de Andalucía. La de quienes se juegan sus ahorros y empeñan su tiempo y dedicación en sacar adelante una idea, un proyecto, una ilusión. La de aquellos que suman éxitos pero también fracasos, quienes admiten que al mirar atrás ven que el camino emprendido les ha costado grandes sacrificios y no pocas satisfacciones.

Y a los que, por si fueran pocas las dificultades, les ha tocado también empezar a andar cuesta arriba por la crisis económica. Porque habrá quien no quiera trabajar, pero también quien sí quiere pero no puede.

Valga como una pequeña pincelada la historia de estos cuatro jóvenes, algunos sin estudios pero todos con ánimo de progresar, que aportan su experiencia personal y profesional para poner rostro a tantos andaluces que hacen lo mismo -o al menos lo intentan- todos los días desde el anonimato.

Javier Rodríguez Fernández. Tiene una explotación de cabras de leche

"Decidí emprender mi negocio tras la crisis del ladrillo"

"Dependiendo de quién diga que los jóvenes no queremos progresar te puede doler o no. No creo que conozca nuestra situación porque con las ayudas de la PAC no tiene necesidad de trabajar". Javier Rodríguez (Adra, 1982) es uno de tantísimos jóvenes andaluces que, sin gustarle los estudios y tras trabajar varios años en los invernaderos, aprovechó la ola de la construcción. En enero de 2009 se quedó en paro y tres meses después había montado una explotación intensiva de cabras de leche. "Me metí a ciegas, no tenía vinculación alguna con la ganadería". Han pasado dos años largos y admite que ha atravesado momentos duros y, aunque no se arrepiente, si hubiera sabido los baches que le esperaban igual no se habría embarcado. Con un dinerillo ahorrado -no le queda un euro-, un préstamo de 15.000 euros -que va pagando- y ayuda de la familia -que aún no ha podido devolver-, confía en que, tras arrancar en el peor momento para el caprino (en un año desaparecieron 2.000 explotaciones), sea ahora el momento de remontar el vuelo. "Cuando monté la granja ni siquiera sabía si me iba a gustar, pero veo a mis compañeros de la construcción en paro o en trabajos de pocos meses y yo me veo con planes de futuro".

Petra Cid González. Tiene una empresa de envasado y distribución de leche fresca

"Hay muchas formas de trabajar y también lo es formarse"

Con 24 años, Petra Cid se hizo cargo del negocio comprando su parte a la familia. Hoy, tiene 36 años, sigue levantándose cuando ni siquiera ha amanecido, tiene un bebé de 11 meses y espera otro. Y no para. Es la propietaria de La Saltereña, una empresa de producción y distribución de leche fresca en Salteras (Sevilla). Lleva toda su vida trabajando y no quiere dar importancia a las declaraciones sobre los jóvenes andaluces. "Yo me hago dos preguntas: cómo puede haber una juventud que no se mueva y cómo se puede decir que no se lo trabajan", sobre todo, cuando hoy día hay mucha gente preparada pero la crisis no les da una oportunidad. Por ello, consciente de los problemas actuales, con los que lidia todos los días al frente de su empresa, insta a los jóvenes a formarse porque "hay muchas formas de trabajar y ésa es una de ellas". Escuchar que la juventud no quiere trabajar le "indigna", más al ver cómo están despidiendo a gente muy cercana. Así, anima a "fomentar la ilusión entre los jóvenes y ayudarles a que tengan iniciativa y facilidades para emprender un negocio". "Cuando te ponen trabas, se te quitan las ganas", pero lo fundamental, dice, es no rendirse y no limitarse a esperar un trabajo, sino forzarlo uno mismo.

Jesús Bernal Rodríguez. Tiene una empresa de obras y mantenimiento

"Tengo el graduado escolar y a mi cargo a 80 empleados"

"Yo era mal estudiante, así que desde antes de sacarme el graduado sabía que en mi casa tenía que escoger entre la escuela o las vacas de mi padre", recuerda Jesús Bernal Rodríguez, natural y vecino de Los Palacios y Villafranca (Sevilla) que, en el verano de sus 15 años, ya tenía experiencia sobrada en cortar uvas de día y recoger vasos de noche. "También estuve trabajando en una desmotadora de algodón y verdeando". Este año, su empresa, Sólido Obras y Mantenimiento SL, ha facturado cuatro millones de euros. Cuando tenía 20 años montó una empresita de correo privado de la que formaban parte él y su coche. Luego se asoció con su cuñado, Álvaro Gavira, de quien sigue siendo socio, y decidieron formar una empresa de mantenimiento de edificios públicos. "De aquello surgieron más obras y luego nos especializamos en urbanizaciones y abastecimiento de agua", explica Álvaro. Sólido tiene hoy en plantilla a 80 trabajadores y genera un empleo indirecto que supone más del doble de esa cifra. Consigue contratos directos de obras en edificios de todas las adminitraciones públicas, desde la Junta hasta la Diputación, pasando por decenas de ayuntamientos y particulares.

Alejandro Postigo. Tiene una empresa de moda.

"Tenía una meta y luché por conseguirla"

Desde que contaba con 14 años Alejandro Postigo tenía claro que lo suyo era la moda. Desde esa edad, este utrerano ya sabía lo que era coger un tren que lo llevara a Sevilla, donde estuvo formándose en distintas escuelas. "Yo tenía una meta y luché por conseguirla", comenta el diseñador en su tienda, que abrió sus puertas hace ya cinco años. De hacer colecciones para otras empresas, tomó la iniciativa de crear su propio estudio y trabajar por su cuenta, por lo que no comparte las declaraciones de Cayetano Martínez de Irujo. "Pienso que es una etiqueta que tenemos los andaluces, quizás porque en el sur la vida es distinta a la del norte", afirma. Su trabajo se centra, sobre todo, en los diseños prêt-à-porter de fiesta, tanto en bodas como en moda flamenca, aunque también ofrece a sus clientes los complementos y colecciones que él mismo diseña en su taller. Aunque el mayor volumen de trabajo se centra en el municipio sevillano de Utrera, su producción y sus diseños llegan a diversos rincones de las provincias de Sevilla y Cádiz. Y es que entre sus objetivos se encuentra no dejar de "aspirar constantemente a más, para abrirme nuevos mercados" y seguir progresando en este negocio.

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