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Cultura

La resurrección de la Muerte

El famoso cuadro ‘In ictu oculi’ de Valdés Leal, una de sus obras para La Caridad, se expone en Madrid tras un repaso de dos meses en el IAPH para quitarle años de encima.

el 24 nov 2014 / 13:00 h.

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Su presencia en la exposición A su imagen. Saber y enseñar, inaugurada el martes en Madrid, ha sido el motivo por el que ha pasado por los talleres del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) uno de los cuadros más populares de Valdés Leal para una puesta a punto. Si decimos que se trata de In ictu oculi no le dirá gran cosa a muchos, pero si aclaramos que se trata de la famosa obra en la que la Muerte en forma de canina apaga una vela, la cosa cambia. Porque sí, se trata de una de las dos piezas que integran el conjunto Los jeroglíficos de las postrimerías, también conocidas directamente como Las Postrimerías, los dos cuadros del Hospital de la Santa Caridad famosos por su aire macabro. El compañero desde 1672 del que ahora está en Madrid es el no menos célebre Finis gloriae mundi, el de los cadáveres en descomposición de un obispo y un caballero de la orden de Calatrava sepultados entre oropeles. Valdés Leal1 El cuadro ha recibido durante dos meses un tratamiento conservativo previo a la exposición, es decir, que no ha sido sometido a una restauración integral propiamente dicha. «El lienzo no estaba mal, lo que sí se encontraba en muy mal estado era el marco», explica Lourdes Núñez, la restauradora encargada de unas tareas que, insiste, no han consistido en una «cirugía de urgencia. El marco estaba muy mal pero el lienzo no se estaba cayendo, no había nada que corriera peligro», gracias a las buenas condiciones de conservación de la obra en La Caridad y a la restauración que realizó Alfonso Cañaveral en 1975 en una pieza que es bastante grande y casi cuadrada, de 2,35 por 2,30 metros. Por partes, y en lo que hace al lienzo, se detectaron reintegraciones de la película pictórica alteradas cromáticamente, las cuales se han tratado «para que la visión no se vaya para esas zonas, se han matizado para que se confundan con el resto», una reintegración a base de líneas y puntos con pigmentos al barniz. Se ha trabajado especialmente justo al lado del rostro de la canina, donde había «levantamientos en la película pictórica» que se han fijado a base de cola, con presión y calor. Al ser una obra tenebrista es oscura, «y los oscuros son muy delicados, siempre se van antes estas zonas que las claras». Más guerra ha dado el marco, de hecho se han invertido en él más horas de trabajo que en la propia tela. La pieza es la original («nunca ha tenido otro marco»), procediéndose a la desinsectación del soporte, el reforzamiento de todos los ensambles y el relleno de las grietas y roturas con pasta de madera, completándose con la fijación de la película pictórica del marco. «No se han reintegrado las lagunas, sólo se han resanado y matizado cromáticamente», puntualiza Núñez. Tanto al lienzo como al marco se le ha quitado además la capa de polvo que se había ido acumulando con los años. Valdés Leal2«El lienzo estaba muy bien en cuanto a soporte, bastante estable», pero al ser el marco más grande «estaba demasiado holgado y había algunos levantamientos en los bordes de la tela original con la de reentelado», que se han fijado con un poco de cola. «Ahora no se mueve dentro del marco», apostilla. En general, al conjunto de la obra «se le han quitado años de encima». Eso sí, se insiste en que no ha sido una «reparación completa de la obra», pero también en que «está en muy buenas condiciones y puede durar bastante tiempo así, varios años. El barniz va a seguir amarilleando porque recibe luz y polvo, pero el lienzo no necesita actualmente una restauración completa». Además de ser un cuadro muy singular, In ictu oculi (algo así como en un abrir y cerrar de ojos) es la segunda vez en su vida que deja La Caridad, donde cuelga desde 1672. La primera vez fue en 1991, cuando participó en una exposición sobre Valdés Leal que se desarrolló entre el Bellas Artes y el Prado. «Ha salido muy poco y está muy bien cuidada –confirma Núñez–, la hermandad es muy celosa al prestar la obra para que no se deteriore demasiado», tanto ésta como su tenebrosa pareja. Esto ayuda mucho a su lozanía, ya que «en La Caridad tiene buena conservación porque siempre está en el mismo sitio, en la iglesia, y el ambiente es bueno, la relación temperatura-humedad es bastante estable y no se producen picos», de ahí que una de las principales patologías acabe siendo la gran cantidad de polvo que, de manera inevitable, va acumulando con los años. Valdés Leal3La exposición en la que podrá verse esta obra está organizada por la fundación Madrid Vivo, con el objetivo de presentar la historia de la Iglesia como parte fundamental de la propia historia de la humanidad. Para ello ha reunido piezas de Zurbarán, El Greco, Rubens, Goya, Murillo, Cranach y Siloé, además de este Valdés Leal que, para Lourdes Núñez, es «muy didáctico, te dice que la vida pasa en un pispás, cuando te das cuenta te vas y todos los poderes y riquezas no te los llevas». Y sí, la canina llama la atención, pero más le impacta a la restauradora «cómo está realizada la obra, con muy pocas pinceladas ves distintas texturas: papel, tejido, metal... Es un pintor muy seguro y rápido, muy diestro a la hora de dar la pincelada, tanto que a lo mejor sólo da una, es una pintura muy impresionista». Impresionista y que impresiona, como ya sabemos aquí y como ahora van a poder comprobar en Madrid hasta el 12 de abril.

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