Cultura

La Ruta de la Seda, el regreso al presente de una leyenda

Asido a la larga tradición del reportaje documental, el fotógrafo vasco Aitor Lara (Baracaldo, 1974) expone desde hoy Torre de silencio, un homenaje fotográfico a la Embajada a Tamerlán.

el 15 sep 2009 / 00:26 h.

Asido a la larga tradición del reportaje documental, el fotógrafo vasco Aitor Lara (Baracaldo, 1974) expone desde hoy Torre de silencio, un homenaje fotográfico a la Embajada a Tamerlán, de Ruy González de Clavijo, un viajero medieval que compitió en hazañas con Marco Polo, y cuya gesta trazó una línea imaginaria entre Cádiz y Samarkanda.

Tamerlán, el último de los grandes conquistadores nómadas del Asia Central; el noble mongol que conquistó Eurasia en poco más de dos décadas, y Ruy González de Clavijo, el viajero enviado a conocer al emperador asiático, autor de Embajada a Tamerlán -una de las joyas de la literatura medieval castellana, comparable al célebre Libro de las maravillas escrito por Marco Polo casi un siglo antes-, son los dos homenajeados en la exposición Torre de silencio.

La muestra, que reúne imágenes del fotógrafo Aitor Lara, es un ensayo fotográfico que documenta la actualidad de las ciudades de la antigua ruta de la seda (Samarkanda, Tashkent, Khiva...), a la vez que busca vestigios de su glorioso pasado.

A través de una selección de 49 imágenes, Aitor Lara recrea desde el presente la Embajada a Tamerlán de Ruy González de Clavijo, cuando el Rey Enrique III encomendó al madrileño la creación de una embajada a la corte del mongol con la intención de establecer una alianza para luchar contra los turcos. La exposición, pues, es un documental inspirado por la crónica del viaje realizado entre 1403 y 1406, descubre la actualidad de las ciudades de la antigua ruta de la seda (Samarkanda, Tashkent, Khiva...).

Según explica el propio Lara, "en algunas zonas de los desiertos del Kyzilkum y del Karakum se erigen colinas en las que se pueden ver en lo alto fortalezas de adobe construidas en tiempos previos a la llegada del Islam, en los denominados periodos del Zoroastrismo. Son las llamadas Torres de silencio, utilizadas para los ritos funerarios", explica el fotógrafo, que relata que la idea de la exposición se gestó la primavera pasada, "cuando vino a verme una amiga uzbeka a casa. Al mostrarle el trabajo quedó sorprendida por el título elegido. Me contó que las torres de silencio siguen siendo un lugar al que va la gente para gritar al viento secretos. Las cosas que no le pueden contar a nadie. Las torres de silencio guardan lo que el humano no puede aguantar".

Las casi cincuentena fotografías de Aitor Lara escrutan e interpreta todos los rincones, buscando el equilibrio entre los personajes y el entorno. Un modo de trabajar que le ha valido reconocimientos como el I Premio de Fotografía Juana de Aizpuru (en 1999), que le sirvió para hacer despegar su carrera artística y situarlo como uno de los talentos de su generación en la fotografía documentalista.

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