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El Peregil sigue quitando pesares

La ciudad dedica un monumento al entrañable cantaor de Manzanilla frente a su taberna en la plaza Jerónimo de Córdoba

el 19 mar 2014 / 12:51 h.

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Monumento a Pepe Peregil junto a su mítica taberna. / El Correo Monumento a Pepe Peregil junto a su mítica taberna. / El Correo Cuentan que su mayor tesoro era «la infinidad de amigos que tenía». Ayer quedó demostrado en la inauguración del monumento que la ciudad de Sevilla le ha dedicado en la plaza Jerónimo de Córdoba, frente a su taberna Quitapesares. Vecinos de la Puerta Osario, cofrades, cantaores, bailaores, exfutbolistas, taberneros, paisanos de su Manzanilla natal y carrioneros con quienes compartió más de un camino del Rocío abarrotaron las inmediaciones de su establecimiento –se contabilizaron más de 250 personas– para perpetuar en bronce la memoria de José María Pérez Blanco, Pepe Peregil, «un hombre bueno con mayúsculas» que cantó numerosas saetas a las cofradías sevillanas. Su viuda, María Teresa, apenas podía contener la emoción al encontrarse con una plaza llena de amigos, y sólo atinó a pronunciar un clarificador:«Él se lo merecía». Muchos de los que han promovido este monumento con «infinidad de rifas, sorteos y cestas» repasaban el legado de este cantaor y tabernero. Lo hacían poco antes de que María Teresa y el alcalde descubrieran al eterno Peregil. Miguel Ángel Pérez de los Santos, presidente de la Asociación Amigos de Peregil, puso en valor «la alegría que transmitía» el que fuera Medalla de Oro de Sevilla en 2009:«Nunca se le vio un mal gesto, y que como dicen las Sevillanas del Adiós nos dejó destrozada el alma cuando se fue tan temprano» aquel 27 de enero de 2012. Varios agentes de la Policía Local llegaron incluso a regular el tráfico en el entorno, pues la gente sobresalía de la plaza y cruzaba constantemente para ver de cerca y fotografiar la escultura. Entre los rostros conocidos, estaban los Cantores de Híspalis, Rafael Gordillo, María José Santiago, Ernesto Neira, el Sacri, Álex Ortiz y el periodista Jesús Vigorra, del programa El Público de Canal Sur con el que colaboraba, incluso cuando ya estaba enfermo. Tampoco faltaron hermanos mayores de la collación y relacionados con el desaparecido tabernero, como los de la Exaltación, Los Gitanos, El Museo, La Cena, Santo Entierro y la junta superior del Consejo de Cofradías con su presidente a la cabeza. Carlos Bourrellier señaló la vocación saetera de «este sevillano de Manzanilla» y su contribución a la Semana Santa: «Ha sido uno de los grandes por el poderío y derroche de su voz. Recuerdo con cariño cuando lo hacía a la Cena, al Museo y también al Buen Fin, al que llegó a cantarnos en alguna ocasión». Dos altavoces iban desempolvando sus mejores sevillanas, como aquella «del primito hermano» en los avatares de la Feria. Con su voz de fondo, el autor de la estatua, José Antonio Navarro Arteaga, reconocía que había querido transmitir «su esencia», «que fuera él», para lo que apostó por inmortalizarlo cantando una saeta. El monumento reproduce a un Peregil agarrado a la baranda de un balcón con la mano extendida en el gesto de cantar una saeta, palo en el que se distinguió, además de con las sevillanas y fandangos de Huelva con los que habitualmente regaba a sus clientes mientras servía copas y tapas en «su Quitapesares del alma». Realizado en broce con una altura de 2,20 metros, cuenta también con un pedestal con versos de Ángel Vela que definen a la perfección al artista y que dicen: «Por cuerpo tiene una torre/ y de campana la voz,/ no hay en el mundo doble/ porque Dios rompió el molde/ cuando le dio el corazón». Precisamente, Pérez de los Santos aludió a «las bromas que aún sigue gastando desde el cielo», como la de cuando fueron a depositar sus cenizas junto a la Virgen de las Aguas del Museo y se dieron cuenta de que uno de los ramos de flores llevaba la leyenda de «Gracias Anselmo, tus compañeros de la Facultad de Química no te olvidan». Risas que sirvieron para distender el acto y a la que hubo que sumar, como bien dijeron sus amigos, «otra de las suyas». Pues al monumento inaugurado en el santo de Pepe tenía un olvido, pero «como todo santo tiene su novena, la suya se prolongará unos días para rotular su nombre, que no va en el pedestal». Pero «no hace falta», indicaron algunos parroquianos del negocio que continúa su hijo Álvaro. Éste leyó un texto en el que dijo que «era lo mismo cantando en un burro para ir al campo a trabajar que una saeta al Rey de España». En este sentido, agradeció el esfuerzo para cumplir este sueño, haciéndolo extensible a todos: «Es un monumento de los vecinos de la Puerta Osario y de Santa Catalina, de quien vino de su pueblo a labrarse un futuro, del sevillano apasionado de la Semana Santa, del que quería ver abierto el templo de Santa Catalina, de los taberneros que pasan más de doce horas tras una barra...». Zoido, por su parte, añadió que «su mejor medalla era la amistad y el cariño» que se ganó por ser «cofrade, feriante, currista, bético y tabernero» mientras que el alcalde de Manzanilla, Cristóbal Carrillo, resumió que «la gente ha sabido agradecer a Pepe todo lo que les dio en vida y lo que sigue dándoles, quitando sus pesares incluso tras su muerte».

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