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La saga/fuga del Gran Poder

Respondiendo a no se sabe qué llamada, los seres y las sociedades -los atunes o los grupos humanos- cumplen un ciclo vital. Andando por él, Sevilla se desprendía ayer de todo cuanto tomó de fuera sin pensarlo...

el 14 sep 2009 / 22:20 h.

Respondiendo a no se sabe qué llamada, los seres y las sociedades -los atunes o los grupos humanos- cumplen un ciclo vital. Andando por él, Sevilla se desprendía ayer de todo cuanto tomó de fuera sin pensarlo, de los abetos de plástico y las luces de bar neoyorkino, para volverse hacia sí misma. Tan inconscientemente como los pájaros, tan de verdad como los caminos anuales del Serengeti. Eso es lo que le sucede a las ciudades con alma aunque algunos luego exageren y otros quieran simular que no les importa. Eso es lo que pasó siempre aunque los días y los signos cambiaran. En el siglo XVIII un fraile, medio místico y medio político, intuyó la fuerza de la imagen de Jesús del Gran Poder y la unió al Día de Reyes para poner ahí la paroussia -la aparición- de lo divino.

Desde entonces Sevilla rueda sobre este eje como antes había rodado sobre otros, como rodará quién sabe en el futuro: a la orden de la trascendencia inalcanzable, intangible, Sevilla volvió, como cada año, a colgarse del sol del 6 de enero para preñarse de sí misma y dar a luz, cuando quiera la luna, su primavera de urbe renovada, igual a la que pintara Torrente Ballester en La saga/fuga de J.B.; con idéntico agua lustral vuelve a caminar hacia su mismo devenir. El Gran Poder es, sobre otras muchas cosas, la imagen en la que se mira. El espejo al que pregunta sobre el insondable Imperio del Tiempo.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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