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La segunda democratización de la Universidad

Es un lugar común afirmar que uno de los méritos de la Universidad española de las últimas décadas ha sido el proceso de democratización que ha experimentado, abriéndose a todas las clases sociales y facilitando el acceso de jóvenes de toda condición.

el 15 sep 2009 / 23:37 h.

Es un lugar común afirmar que uno de los méritos de la Universidad española de las últimas décadas ha sido el proceso de democratización que ha experimentado, abriéndose a todas las clases sociales y facilitando el acceso de jóvenes de toda condición. El resultado ha sido notable, en términos de movilidad social, disponibilidad de mano de obra preparada y nivel de estudios de la sociedad. También se dice que este proceso es uno de los factores que ha contribuido a los problemas que ésta afronta, sobre todo en cuanto a la masificación si no de alumnos, si de centros universitarios y de recursos de enseñanza, mal distribuidos y aprovechados.

Pues bien, ante esta disponibilidad de recursos humanos y materiales, la Universidad debería iniciar una segunda democratización, abriéndose a más ciudadanos todavía al margen de los jóvenes en edad considerada tradicionalmente como universitaria. Hay mucha gente que quiere aprender, o que necesita hacerlo para mejorar profesionalmente. La crisis obliga a muchos trabajadores a transiciones profesionales para las que la formación resulta imprescindible, también la universitaria. La generalización de los posgrados implica a las universidades en la formación para el mercado, por lo que deben contribuir a esta enorme transición que afrontamos.

La tecnología ayuda a este empeño, al permitir enseñanza virtual de calidad. Y recursos humanos no nos faltan precisamente. Paradójicamente, una equivocada interpretación de lo que supone el proceso de Bolonia está llevando a expulsar de nuestras universidades a un tipo tradicional de estudiante, minoritario pero muy significativo: el que compaginaba estudios con trabajo. El crédito europeo les dificulta enormemente el estudio, limitándolo no a un grupo social, pero sí a una cohorte de edad. Frente a esto, el modelo del aula de mayores ofrece a muchas personas deseosas de saber la oportunidad de hacerlo, permitiendo el aprovechamiento recursos hoy infrautilizados. La Universidad tiene que ser para todos, no sólo para unos jóvenes dedicados a ella a tiempo completo; también deben tener su espacio profesionales, desempleados en transición, mayores, inmigrantes. Esto es también una democratización.

Catedrático de Derecho del Trabajo

miguelrpr@ono.com

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