Cultura

La Sevilla barroca ya está en Londres

La National Gallery monta ya las obras llegadas desde Andalucía

el 18 oct 2009 / 21:01 h.

La 'Crucifixion' de Martinez Montañes.

Con su monumentalidad, por dimensiones y por su hiperrealismo desgarrador, las nueve obras de arte sevillanas -dos pinturas y siete esculturas- que formarán parte de la exposición The sacred made real (Lo sagrado hecho real), la cita artística del otoño en Europa, ya están en la capital británica.

Los técnicos y restauradores de la National Gallery desembalaban y colocaban con mimo estos días las colosales piezas, bajo la supervisión de sus responsables en la capital hispalense, como es el caso del padre Juan Dobado, de la orden de los Carmelitas Descalzos de la iglesia conventual del Santo Ángel, que ha prestado a la pinacoteca británica un impresionante crucificado de Martínez Montañés, conocido popularmente como El cristo de la sopa, y una de las imágenes que tiene en la ciudad un sentimiento devocional más arraigado.

Junto al crucificado del Santo Ángel, Sevilla presta piezas procedentes de instituciones como el Museo de Bellas Artes, la iglesia del Salvador, la Universidad de Sevilla (iglesia de la Anunciación) y la Catedral. "Estamos prestando obras maestras, cruciales en el Barroco andaluz y español, y fundamentales dentro de la producción de sus autores". Así de rotundo se muestra el director del Museo de Bellas Artes de Sevilla, Antonio Álvarez, cuando habla de los cuadros San Francisco de Borja, de un joven Alonso Cano; y La Virgen de las Cuevas, de Francisco de Zurbarán, otro de los que se monta estos días en la National Gallery y que, finalmente, quedará expuesto junto con la talla San Bruno de Martínez Montañés. Es la primera vez que estas piezas han salido de los claustros del antiguo convento de la Merced Calzada, hoy Museo de Bellas Artes de Sevilla. "Ha sido un empeño personal, son obras que no se suelen prestar, y así lo pone en sus fichas, pero hay momentos especiales, ocasiones únicas por las que merece la pena hacer este esfuerzo excepcional", continúa el director. La importancia de las obras se deduce de su misma ubicación en la pinacoteca sevillana. El alonso cano, en la sala cuarta, se encuentra enfrentado a Velázquez (Retrato de don Cristóbal de Ribera), en un magnífico ejemplo de identidad formal. "Ambos cuadros son de sus etapas sevillanas. Se nota que los dos están trabajando juntos en el mismo taller", relata Álvarez. Por su parte, La Virgen de las Cuevas y el San Bruno se expondrán en Londres de la misma manera que lo hacen en la sala X del Bellas Artes: enfrentados el uno al otro: los cartujos de Martínez Montañés versus los de Zurbarán. "El objetivo es mostrar que el enfoque hiperrealista de estos pintores se apoyaba, claramente, en un conocimiento y, en algunos casos, en la práctica directa de la escultura", al decir del comisario de la exposición, Xavier Bray. Estas dos obras, sin embargo, sólo se podrán ver en Londres, y no viajarán a la ciudad de Washington, el segundo destino de esta exposición, coproducida por los museos de la capital británica y estadounidense. "Los traslados en avión son peligrosos, los movimientos de despegue y aterrizaje no garantizan la seguridad de estas obras", explica el director del centro sevillano.

Otra de las obras que destaca por su singularidad y por la excepcionalidad de su marcha de Sevilla es la Cabeza decapitada de San Juan Bautista, una extraña escultura de Juan de Mesa que se exhibe en la Catedral desde hace 40 años. "Es de un realismo absoluto, conmovedor", explica Teresa Laguna, conservadora de Bienes Muebles del templo metropolitano. Creada por el discípulo de Montañés para el convento de Santa Clara y adquirida por la iglesia Catedral en la década de los 60, "es una obra muy importante dentro de la producción de Juan de Mesa y entronca perfectamente con los contenidos y el discurso de la exposición", justifica Laguna la presencia de la Cabeza de San Juan Bautista en The sacred made real.

Aunque Sevilla es la gran protagonista, hay otras joyas barrocas de artistas de la ciudad que viajan a Londres desde otros lugares del mundo. Así, destaca la yuxtaposición de la Inmaculada Concepción de Velázquez, de 1618-19 (National Gallery, Londres), y la talla policromada de Montañés (1620) de la Universidad de Sevilla sobre el mismo tema.

Para lograr un realismo aún más intenso, algunos escultores, como Pedro de Mena o Gregorio Fernández, completaron sus esculturas con ojos y lágrimas de vidrio y dientes de marfil. En el Cristo yacente de 1625-30 (Museo Nacional del Prado de Madrid), Fernández utiliza corteza de alcornoque para simular el efecto de la sangre coagulada y cuerno de toro para las uñas. "La intención era que los creyentes se sintieran verdaderamente en presencia del cuerpo sin vida de Cristo", dice Bray.

Si hay un artista-fetiche en esta exposición, éste es Zurbarán, "el pintor más escultórico de todos los del Barroco". Su San Serapio, de 1628 (Wadsworth Atheneum Museum, Hartford), que lleva más de un siglo en colecciones británicas y se exhibe también por primera vez en 50 años. "Los pliegues con profundas sombras del grueso hábito blanco del santo presentan una maestría asombrosa en su ejecución. Zurbarán demuestra con esta obra que la pintura es capaz de lograr el mismo realismo desconcertante que la escultura", dice el comisario.

La exposición presenta 16 tallas policromadas junto a 16 cuadros con el objetivo de mostrar que el enfoque hiperrealista de pintores como Velázquez o Zurbarán se apoyaba, claramente, en un conocimiento, y en algunos casos en la práctica directa, de la escultura. El Cristo crucificado (Art Institute of Chicago) de Zurbarán de 1627 y préstamo crucial para esta exposición, que vuelve a Europa por primera vez en 50 años, logra sobre lienzo un efecto escultórico sorprendente.

Sin embargo, la verdadera joya de la muestra será el Cristo crucificado de Zurbarán del Art Institute of Chicago, obra maestra de 1627 y préstamo crucial para esta exposición, que vuelve a Europa por primera vez en 50 años. Zurbarán logra sobre lienzo un efecto escultórico sorprendente, "sobre todo cuando se coloca junto a una talla policromada como la de Juan Martínez Montañés de 1617 que se encuentra en la iglesia del convento del Santo Ángel de Sevilla", explica Bray. Es la primera vez que este crucificado, expuesto en la capilla del sagrario de la iglesia de la calle Rioja, ha viajado fuera de España (como muestra la imagen del padre Juan Dobado, admirando la pieza ya colocada en Londres). "De todo lo que va de Montañés es la mejor obra, y por eso ocupará un lugar preferente dentro de la muestra. Zurbarán y Montañés se volverán a reunir por primera vez después de la francesada", explica el padre Dobado, que explica que originariamente, este crucificado se situó en la primera capilla, " está hecho para la contemplación de cerca".

La muestra se inaugurará este miércoles 21 de octubre y contará, asimismo, con la Crucifixión de Juan de Mesa custodiada en la parroquia del Salvador. Se trata de una versión de menor tamaño (de 1621) de la escultura original que procesiona el Domingo de Ramos con la cofradía del Amor; además de las tres extraordinarias tallas que han sido restauradas en la iglesia de la Anunciación (cofinanciadas por la propia National Gallery) y que pertenecen a la Universidad de Sevilla: San Ignacio meditando ante la cruz de Martínez Montañés; la Inmaculada Concepción del mismo autor, y San Francisco de Borja, de 1624, que hasta su restauración ha estado expuesto en la iglesia de la Anunciación, y que medita con una calavera en la mano.

Esta nómina sevillana, lo reconocía en una entrevista reciente con El Correo el propio Xavier Bray, "se han convertido en los grandes protagonistas de la exposición", que cuenta también con importantes préstamos de los museos más importantes del mundo. No obstante, queda claro que, durante el otoño, una parte representativa de la Sevilla más monumental, de esa ciudad barroca a un lado del Guadalquivir, se asomará con dignidad histórica a Trafagal Square desde los sensibles muros artísticos de la National Gallery.

  • 1